30 de septiembre de 2011

Flores sobre tierra árida

Últimamente, y muy a mi pesar, pienso mucho en la muerte. Supongo que se debe a todo lo que no nos tocaba vivir, pero que vivimos. A aquello que no nos merecemos, pero lo tenemos. A aquello para lo que no estamos preparados, ni estaremos nunca, pero que ha llegado.

Y sin poder evitarlo me pongo a pensar en el polvo  y en el aire que la religión en la que un día confirmé creer afirma que nos convertiremos. Y pienso en la tierra, que le cubre por completo, como última confirmación. Como si enterrar el féretro nos ayudase a enterrar el sufrimiento. Esa tierra árida, sin vida, que refleja el interior de los corazones vivos que sí que quedan. Y descansará en paz, rodeado de solemnes cipreses, que a pesar de su siempre verde colorido, me trasmiten una sensación inmensa de tristeza e inseguridad. Los cipreses  que con majestuosa pose señalan al cielo como si nadie pudiese (o quisiese) ver que se esconde tras ellos. Vallando nuestros miedos, nuestras penas. Separando nuestra vida diaria de un territorio que nos hace sufrir.
La muerte convive con nosotros, pero en la distancia. Separamos ese "rinconcito de paz" de nuestros lugares cotidianos, porque nadie quiere un recordatorio constante de lo que un día tuvo pero perdió.

La tristeza se entierra, se aisla y se aleja. Así, quizás, un día podamos olvidar.
Y sin embargo, aunque parezca que así todo lo tenemos bajo control, algo se nos escapa.  Porque a pesar de enterrarlo, aislarlo y alejarlo, el recuerdo vuelve siempre a nosotros. En cada gesto, en cada actitud. En cada una de las cenas que, sin querer decirlo en voz alta  para que la voz no tiemble, son hechas por y para ti. Porque el apartarlo en un rincón no hará que el recuerdo sea más leve, sino que conseguirá que el golpe sea más fuerte cada vez que huelas los cipreses.


Porque quizás, como en otros países, un "rinconcito de paz" alternativo es posible. Donde la piel se erice por el recuerdo de sonrisas pasadas y no por su oscuridad.

Porque lo que hoy muere, dio y dará vida.


















Cementerios en Suiza.

1 comentario:

Anónimo dijo...

con la muerte se convive ..no se vive.se vive con la vida.hay que darle vida a los años no años a la vida .una persona con 25 puede haber vivido mas que una de 60 .asi que a darle vida a la vida que la muerte viene solita ...eso si hay que guardar los recuerdos buenos de quien nos dejan que seguramente seran muchos y buenos y esos nos haran reir al recordarlos