Una de las cosas que más me impresionaron de China fue, sin duda, su comida. Porque, como ya habréis oído, la comida del restaurante chino de la esquina y la comida china "real" no tienen nada que ver. Claro que, por supuesto, tienen su arroz tres delicias, sus rollitos primavera (que pese a lo que se cree, no es un plato muy común allá) y el pollo con almendras, pero tienen mucho más (y riquísimo).
Pero además de la comida, lo que me sorprendió fue esas reglas, esas normas no escritas, que se viven al sentarse en una mesa en China (y que si nadie te cuenta, nunca sabrías).
¿Quieres saber cuáles son? ¡Sigue leyendo!
Porque para sentirte vivo es necesario cruzar de vez en cuando la línea de confort.
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30 de mayo de 2013
19 de diciembre de 2011
A los reyes (magos) de Oriente...
Queridos Reyes Magos,
Escribo esta carta tras años sin hacerlo. Admito que una vez cumplidos mis doce años, escuché rumores, dichos y mentiras que consiguieron desilusionarme y pensar que creer en vosotros y vuestra magia era cosa de niños.
Sin embargo hoy, doce años más tarde, me encuentro con el bolígrafo en mano, la libreta sobre el escritorio y la ilusión y los deseos ordenados en mi cabeza. Es verdad, he cambiado. Ya no escribo en hojas de colores vistosos y olores perfumados tirada sobre el suelo del salón mientras observo hipnotizada uno tras otro los apetitosos anuncios de la televisión. Escribo ahora sin necesidad de anuncios ni de catálogos, sino con las ideas claras de quien sabe lo que tiene y lo que quiere.
No seré avariociosa. Nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas, muchos deseos o muchos millones. Una casa, con jardín, con una autocaravana aparcada a su entrada y con la playa a sus espaldas. Pediría vacaciones, infinitas, con dinero para gastar y una vida sin más preocupaciones que viajar.
Pero no. No seré avariciosa. Porque nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas. La paz mundial y el fin del hambre en el mundo. Que los derechos humanos se cumplan, indiferentemente del grado de desarrollo del país en el que se haya nacido. Que no se mate por dinero, ni por poder, y que todas las vidas valgan lo mismo.
Pero no seré avariciosa. Nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas. Que desaparezcan los corruptos, que se aclaren las cuentas. Que no existan los recortes y que la palabra crisis se borre de nuestras bocas. Y de nuestras mentes. Que el dinero no sea importante.
Pero no seré avariciosa. Nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas. Que el efecto invernadero sólo se dé bajo los plásticos, que se detenga el deshielo y que la tierra no sufra. Que los bosques no ardan ni las especies se extingan.
No, no soy avariciosa. Por eso pediré por mí, y por ellos. Pediré que nuestra salud se mantenga, y que si tenemos que pasar por algo que sea un resfriado.
Pediré por la vida. Que nos retenga y no permita olvidarnos de los que ya nos dejaron.
Pedire por el trabajo. Que el que tenga lo mantenga, y que el que busque lo encuentre. Que sea llevadero y nos fortalezca por dentro, que nos instruya.
Y por último pediré por seguir al lado de las personas que quiero. Que sus sonrisas sigan iluminando mis días y sus abrazos calentando mis noches. Que sus palabras continúen haciéndome mejor persona y su presencia me acompañe siempre. Que aquellos a los que tengo lejos nunca estén más lejos que una llamada de teléfono y que los reencuentros sean tan cálidos como si nunca antes me hubiese marchado.
No soy avariciosa. No. Ni nunca lo he sido. Sólo pido que se conserve lo que una vez vino.
Sencillamente vuestra,
Patricia
Escribo esta carta tras años sin hacerlo. Admito que una vez cumplidos mis doce años, escuché rumores, dichos y mentiras que consiguieron desilusionarme y pensar que creer en vosotros y vuestra magia era cosa de niños.
Sin embargo hoy, doce años más tarde, me encuentro con el bolígrafo en mano, la libreta sobre el escritorio y la ilusión y los deseos ordenados en mi cabeza. Es verdad, he cambiado. Ya no escribo en hojas de colores vistosos y olores perfumados tirada sobre el suelo del salón mientras observo hipnotizada uno tras otro los apetitosos anuncios de la televisión. Escribo ahora sin necesidad de anuncios ni de catálogos, sino con las ideas claras de quien sabe lo que tiene y lo que quiere.
No seré avariociosa. Nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas, muchos deseos o muchos millones. Una casa, con jardín, con una autocaravana aparcada a su entrada y con la playa a sus espaldas. Pediría vacaciones, infinitas, con dinero para gastar y una vida sin más preocupaciones que viajar.
Pero no. No seré avariciosa. Porque nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas. La paz mundial y el fin del hambre en el mundo. Que los derechos humanos se cumplan, indiferentemente del grado de desarrollo del país en el que se haya nacido. Que no se mate por dinero, ni por poder, y que todas las vidas valgan lo mismo.
Pero no seré avariciosa. Nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas. Que desaparezcan los corruptos, que se aclaren las cuentas. Que no existan los recortes y que la palabra crisis se borre de nuestras bocas. Y de nuestras mentes. Que el dinero no sea importante.
Pero no seré avariciosa. Nunca lo he sido.
Podría pedir muchas cosas. Que el efecto invernadero sólo se dé bajo los plásticos, que se detenga el deshielo y que la tierra no sufra. Que los bosques no ardan ni las especies se extingan.
No, no soy avariciosa. Por eso pediré por mí, y por ellos. Pediré que nuestra salud se mantenga, y que si tenemos que pasar por algo que sea un resfriado.
Pediré por la vida. Que nos retenga y no permita olvidarnos de los que ya nos dejaron.
Pedire por el trabajo. Que el que tenga lo mantenga, y que el que busque lo encuentre. Que sea llevadero y nos fortalezca por dentro, que nos instruya.
Y por último pediré por seguir al lado de las personas que quiero. Que sus sonrisas sigan iluminando mis días y sus abrazos calentando mis noches. Que sus palabras continúen haciéndome mejor persona y su presencia me acompañe siempre. Que aquellos a los que tengo lejos nunca estén más lejos que una llamada de teléfono y que los reencuentros sean tan cálidos como si nunca antes me hubiese marchado.
No soy avariciosa. No. Ni nunca lo he sido. Sólo pido que se conserve lo que una vez vino.
Sencillamente vuestra,
Patricia
25 de noviembre de 2011
Recuerdos olvidados
Os contaré un secreto. Tengo miedo al olvido.
Será porque mi memoria es así, vacilante, duditativa...efímera. Tengo miedo a olvidar. Y a que me olviden. Sobre todo a esto último (¡siempre tan egocéntrica!). Y quizás se debe a que yo, sin querer, olvidé lugares, fechas y personas que un día creí nunca olvidaría. Personas y lugares que, sin duda, en unos momentos de mi vida fueron eso, mi vida. Y sin embargo hoy, cuando miro mis desorganizados cajones de fotos intentado recordar, los nombres se escapan hasta el fondo de mi memoria y los recuerdos aparecen lejanos y opacos en mis retinas. Sonrío nostálgica por aquello (y aquellos) que un día tuve a mi lado mientras sus sonrisas estáticas me mueven por dentro.
Y es que lo que antes parecía inseparable e imborrable, parece hoy lejano y borroso. Tan distante, que por momentos pienso que no fui yo, sino ella, la que estuvo allí, contigo.
Será porque mi memoria es así, vacilante, duditativa...efímera. Tengo miedo a olvidar. Y a que me olviden. Sobre todo a esto último (¡siempre tan egocéntrica!). Y quizás se debe a que yo, sin querer, olvidé lugares, fechas y personas que un día creí nunca olvidaría. Personas y lugares que, sin duda, en unos momentos de mi vida fueron eso, mi vida. Y sin embargo hoy, cuando miro mis desorganizados cajones de fotos intentado recordar, los nombres se escapan hasta el fondo de mi memoria y los recuerdos aparecen lejanos y opacos en mis retinas. Sonrío nostálgica por aquello (y aquellos) que un día tuve a mi lado mientras sus sonrisas estáticas me mueven por dentro.
Y es que lo que antes parecía inseparable e imborrable, parece hoy lejano y borroso. Tan distante, que por momentos pienso que no fui yo, sino ella, la que estuvo allí, contigo.
30 de septiembre de 2011
Flores sobre tierra árida
Últimamente, y muy a mi pesar, pienso mucho en la muerte. Supongo que se debe a todo lo que no nos tocaba vivir, pero que vivimos. A aquello que no nos merecemos, pero lo tenemos. A aquello para lo que no estamos preparados, ni estaremos nunca, pero que ha llegado.
Y sin poder evitarlo me pongo a pensar en el polvo y en el aire que la religión en la que un día confirmé creer afirma que nos convertiremos. Y pienso en la tierra, que le cubre por completo, como última confirmación. Como si enterrar el féretro nos ayudase a enterrar el sufrimiento. Esa tierra árida, sin vida, que refleja el interior de los corazones vivos que sí que quedan. Y descansará en paz, rodeado de solemnes cipreses, que a pesar de su siempre verde colorido, me trasmiten una sensación inmensa de tristeza e inseguridad. Los cipreses que con majestuosa pose señalan al cielo como si nadie pudiese (o quisiese) ver que se esconde tras ellos. Vallando nuestros miedos, nuestras penas. Separando nuestra vida diaria de un territorio que nos hace sufrir.
La muerte convive con nosotros, pero en la distancia. Separamos ese "rinconcito de paz" de nuestros lugares cotidianos, porque nadie quiere un recordatorio constante de lo que un día tuvo pero perdió.
La tristeza se entierra, se aisla y se aleja. Así, quizás, un día podamos olvidar.
Y sin embargo, aunque parezca que así todo lo tenemos bajo control, algo se nos escapa. Porque a pesar de enterrarlo, aislarlo y alejarlo, el recuerdo vuelve siempre a nosotros. En cada gesto, en cada actitud. En cada una de las cenas que, sin querer decirlo en voz alta para que la voz no tiemble, son hechas por y para ti. Porque el apartarlo en un rincón no hará que el recuerdo sea más leve, sino que conseguirá que el golpe sea más fuerte cada vez que huelas los cipreses.
Porque quizás, como en otros países, un "rinconcito de paz" alternativo es posible. Donde la piel se erice por el recuerdo de sonrisas pasadas y no por su oscuridad.
Porque lo que hoy muere, dio y dará vida.
Cementerios en Suiza.
Y sin poder evitarlo me pongo a pensar en el polvo y en el aire que la religión en la que un día confirmé creer afirma que nos convertiremos. Y pienso en la tierra, que le cubre por completo, como última confirmación. Como si enterrar el féretro nos ayudase a enterrar el sufrimiento. Esa tierra árida, sin vida, que refleja el interior de los corazones vivos que sí que quedan. Y descansará en paz, rodeado de solemnes cipreses, que a pesar de su siempre verde colorido, me trasmiten una sensación inmensa de tristeza e inseguridad. Los cipreses que con majestuosa pose señalan al cielo como si nadie pudiese (o quisiese) ver que se esconde tras ellos. Vallando nuestros miedos, nuestras penas. Separando nuestra vida diaria de un territorio que nos hace sufrir.
La muerte convive con nosotros, pero en la distancia. Separamos ese "rinconcito de paz" de nuestros lugares cotidianos, porque nadie quiere un recordatorio constante de lo que un día tuvo pero perdió.
La tristeza se entierra, se aisla y se aleja. Así, quizás, un día podamos olvidar.
Y sin embargo, aunque parezca que así todo lo tenemos bajo control, algo se nos escapa. Porque a pesar de enterrarlo, aislarlo y alejarlo, el recuerdo vuelve siempre a nosotros. En cada gesto, en cada actitud. En cada una de las cenas que, sin querer decirlo en voz alta para que la voz no tiemble, son hechas por y para ti. Porque el apartarlo en un rincón no hará que el recuerdo sea más leve, sino que conseguirá que el golpe sea más fuerte cada vez que huelas los cipreses.
Porque quizás, como en otros países, un "rinconcito de paz" alternativo es posible. Donde la piel se erice por el recuerdo de sonrisas pasadas y no por su oscuridad.
Porque lo que hoy muere, dio y dará vida.
3 de agosto de 2011
Dejarlo todo e irse
Quizás, hasta hoy, no había visto el nombre de mi blog con los mismos ojos, llorosos, con los que lo veo hoy. Las cuatro palabras tan positivas con el que el nombre del blog presentaba la página, se tornan oscuras tomando hoy matices más grises.
Dejarlo todo e irse.
Pero, ¿qué es dejarlo todo?
Dejarlo todo es lo que tú hiciste ayer.
Dejarlo todo es irte sin decir adiós.
Sin tiempo a despedidas ni caras tristes.
Sin tiempo a frases que te formen un nudo en la garganta.
Sin tiempo a decir "tranquila, porque volveré".
Sin tiempo. Porque no volverás.
Hoy tus frases retumban en mi mente lejanas y sin sentido. Hoy tus abrazos todavía me arropan, aún sabiendo que no eres tú el que lo hace. Hoy, mis ojos lloran el saber que te fuiste. Hoy mi estómago vomita tristeza, y mis pensamientos hacen eco, una y otra vez, en mi cabeza vacía. Mi corazón, de ritmo cambiante, avisa la pena incontrolada que sale de mi garganta. Garganta que se ha quedado sin cuerdas vocales que articulen palabra. Palabras que faltan para explicar cuánto te echaré de menos. Echarte de menos sabiendo que será eterno. Eterno el sonido de tu risa que quedará en mi recuerdo. Recuerdos felices que mantendrán mi sonrisa en momentos difíciles. Una sonrisa triste que intentará imitar a la tuya, una sonrisa que iluminaba a quién te rodeaba.
Dejarlo todo e irse...Irse sin mirar atrás.
Irse sin decir adiós.
Y hoy, con dedos temblorosos te escribo:
Adiós, Albert. Adiós. Nunca te olvidaré.
Dejarlo todo e irse.
Pero, ¿qué es dejarlo todo?
Dejarlo todo es lo que tú hiciste ayer.
Dejarlo todo es irte sin decir adiós.
Sin tiempo a despedidas ni caras tristes.
Sin tiempo a frases que te formen un nudo en la garganta.
Sin tiempo a decir "tranquila, porque volveré".
Sin tiempo. Porque no volverás.
Hoy tus frases retumban en mi mente lejanas y sin sentido. Hoy tus abrazos todavía me arropan, aún sabiendo que no eres tú el que lo hace. Hoy, mis ojos lloran el saber que te fuiste. Hoy mi estómago vomita tristeza, y mis pensamientos hacen eco, una y otra vez, en mi cabeza vacía. Mi corazón, de ritmo cambiante, avisa la pena incontrolada que sale de mi garganta. Garganta que se ha quedado sin cuerdas vocales que articulen palabra. Palabras que faltan para explicar cuánto te echaré de menos. Echarte de menos sabiendo que será eterno. Eterno el sonido de tu risa que quedará en mi recuerdo. Recuerdos felices que mantendrán mi sonrisa en momentos difíciles. Una sonrisa triste que intentará imitar a la tuya, una sonrisa que iluminaba a quién te rodeaba.
Dejarlo todo e irse...Irse sin mirar atrás.
Irse sin decir adiós.
Y hoy, con dedos temblorosos te escribo:
Adiós, Albert. Adiós. Nunca te olvidaré.
15 de junio de 2011
Y ahora ¿qué?
En los momentos de grandes cambios te lo (re)planteas todo. De dónde vengo y a dónde voy. Si es que realmente estoy yendo a algún lado. O lo que es más importante, si es que sé a dónde quiero ir. Porque últimamente ese parece ser el mayor de mis males. Mi brújula, situada hasta el momento en mi garganta (siempre con la voz cantante y a medio camino entre mi cabeza y mi corazón) parece haberse roto. O quizás sólo se ha mareado de tanto moverme. Pero parece que no encuentra el norte. Su agujas se mueven al son de mis pasos haciéndome caminar en círculos y, cuando por fin me quedo quieta, cada uno de sus opuestos (cabeza y corazón) empujan con todas sus fuerzas para ganar la batalla.
Mi aventura en Berlín tiene ya los días contados (15 para ser exactos), y es ahora cuando viene el agobio de hacer todas esas cosas que, una vez en casa, pensé que haría y todavía no he hecho. Como pasearme por cada Flohmark con aspecto de artista berlinesa, beber cerveza en cada Biergarten, hacer un pic-nic en ese parque tan especial o entrar en la exclusiva discoteca de moda. Cantar en el Maeurpark, excursionear con la bici a algún parque lejano o hacer de Pfanera (¡oye, cada uno tiene sus tonterías...!) Y a pesar de las cosas de la lista que siguen sin tachar, pienso en Berlín y no puedo evitar sonreír. Porque algo en mi interior me dice "¿Y si fuera ella? ¿Y si fuese ella la ciudad que has estado buscando?"
Mi aventura en Berlín tiene ya los días contados (15 para ser exactos), y es ahora cuando viene el agobio de hacer todas esas cosas que, una vez en casa, pensé que haría y todavía no he hecho. Como pasearme por cada Flohmark con aspecto de artista berlinesa, beber cerveza en cada Biergarten, hacer un pic-nic en ese parque tan especial o entrar en la exclusiva discoteca de moda. Cantar en el Maeurpark, excursionear con la bici a algún parque lejano o hacer de Pfanera (¡oye, cada uno tiene sus tonterías...!) Y a pesar de las cosas de la lista que siguen sin tachar, pienso en Berlín y no puedo evitar sonreír. Porque algo en mi interior me dice "¿Y si fuera ella? ¿Y si fuese ella la ciudad que has estado buscando?"
31 de mayo de 2011
No me toques los pepinos
En Alemania ha saltado de nuevo la alarma alimentaria. Y digo de nuevo porque el tema se repite. Las dioxinas, que en enero llenaban las noticias y preocupaba a los alemanes, han sido sustituidas por las bacterias del pepino. Estas bacterias, llamadas EHEC, son una cepa patogénica de E.coli (una bacteria común en nuestro organismo) que provocan problemas estomacales graves llegando incluso a causar la muerte. En Alemania, donde ya se cuentan 14 muertes, están en alarma. Bares, restaurantes, guarderías y colegios han dejado de servir verduras y frutas. Comprar pepino, tomate o cualquier otra verdura parece una locura.
Nuestro amiga Merkel, que últimamente se está luciendo, afirmó que esos pepinos contaminados procedían de España. El otro día, tras las noticias emitieron un reportaje especial de unos 15 minutos sobre el pepino y consejos para no enfermar. En ese reportaje (de la cadena pública) volvieron a afirmar que los pepinos eran de procedencia española y que, ante todo, no se debía comer pepino español.
Alemania, Suecia y Austria entre otros, víctimas del pánico, ya han retirado de la venta los lotes de pepino español y los tienen bajo sospecha. Los síntomas de EHEC ya se han manifestado en otros países como Suecia y ahora también España, pero curiosamente sólo en personas que han estado en Alemania. Y es entonces cuando yo le digo a la Señora Merkel que no me toque los pepinos. Porque no se puede hacer una acusación de este tamaño hacia un producto de un país (que sin duda conlleva pérdidas de millones de euros) sin tener la seguridad de que eso es así.
Quizás la señorita Merkel tendría que tener más cuidado al lanzar acusaciones de esta índole y pensar si sabe que lo que dice es realmente cierto. Parece ser que el gobierno alemán ya ha pedido disculpas oficiales a España, pero el daño ya está hecho. Todo el mundo recuerda eso de "no comas pepino español" por lo cual países como Rusia han vetado la entrada al país de toda verdura procedente de España.
¿Estamos ante un error del gobierno? ¿Ante manipulación de la opinión pública? ¿o ante una guerra comercial? Yo, todavía, no tengo respuestas. Pero todo este asunto me huele muy mal, y no lo digo precisamente por la caca de vaca a través de la que se transmite la bacteria.
Nuestro amiga Merkel, que últimamente se está luciendo, afirmó que esos pepinos contaminados procedían de España. El otro día, tras las noticias emitieron un reportaje especial de unos 15 minutos sobre el pepino y consejos para no enfermar. En ese reportaje (de la cadena pública) volvieron a afirmar que los pepinos eran de procedencia española y que, ante todo, no se debía comer pepino español.
Alemania, Suecia y Austria entre otros, víctimas del pánico, ya han retirado de la venta los lotes de pepino español y los tienen bajo sospecha. Los síntomas de EHEC ya se han manifestado en otros países como Suecia y ahora también España, pero curiosamente sólo en personas que han estado en Alemania. Y es entonces cuando yo le digo a la Señora Merkel que no me toque los pepinos. Porque no se puede hacer una acusación de este tamaño hacia un producto de un país (que sin duda conlleva pérdidas de millones de euros) sin tener la seguridad de que eso es así.
Quizás la señorita Merkel tendría que tener más cuidado al lanzar acusaciones de esta índole y pensar si sabe que lo que dice es realmente cierto. Parece ser que el gobierno alemán ya ha pedido disculpas oficiales a España, pero el daño ya está hecho. Todo el mundo recuerda eso de "no comas pepino español" por lo cual países como Rusia han vetado la entrada al país de toda verdura procedente de España.
¿Estamos ante un error del gobierno? ¿Ante manipulación de la opinión pública? ¿o ante una guerra comercial? Yo, todavía, no tengo respuestas. Pero todo este asunto me huele muy mal, y no lo digo precisamente por la caca de vaca a través de la que se transmite la bacteria.
25 de mayo de 2011
Esto continúa
Quizás os interesa un pequeño resumen de cómo resultó la manifestación del sábado.
http://tampoconosrepresentanenberlin.blogspot.com/2011/05/demo-22052011-berlin.html
http://tampoconosrepresentanenberlin.blogspot.com/2011/05/demo-22052011-berlin.html
20 de mayo de 2011
Ellos no nos representan
El pueblo que hasta ahora se resignaba a decir "Es lo que hay" o "Son todos iguales" parece haber despertado. España ( y lo que no es España) se mueve. Sedienta de un cambio. Porque se puede.
En Berlín también apoyamos la causa. Hay que manifestarse y ya. Porque podemos conseguirlo. Las opiniones y las ideas en la asamblea frente a la embajada española son constantes: blogs, páginas web, notas de prensa..."Tenemos que revolucionar también Alemania para que se sepa que está pasando en España" dice alguien a mi lado. Internet, ese gran temido por "los de arriba" y para el que se han establecido leyes impropias de una democracia, será quien les derrumbe. Porque aquí, y en las calles, tenemos el poder. Y ambos han sido ya tomados.
En algunos medios nos llaman anti-sistema. ¿Y sabes qué? Hasta ahora no me había considerado nunca una anti-sistema, pero supongo que ahora sí. Porque estoy harta de este sistema que OTROS han creado por y para nosotros. Y la sangre me hierve cuando veo como algunos medios queriendo infravalorar el movimiento nos describe como perroflautas "que no saben muy bien de qué va la cosa". Les diré, que la mayoría de esos perroflautas reunidos aquí en Berlín están bien formados y hablan, al menos, tres idiomas. Algo que aquellos que (no) nos representan no pueden decir.
Llueve. Pero no importa. "Que llueva, que llueva y que limpie el sistema" coreamos. Tenemos una política basada en la CORRUPCIÓN , con mayúsculas (y con cargos), que ya ni siquiera intentan esconder. Los queremos fuera ¡ya! Olvidémonos del voto útil y del bipartidismo. Olvidémonos de votar al menos malo, porque sinceramente ¿hay uno menos malo?
España no es el Monopoli. Hasta ahora los políticos han ganado siempre ya que jugaban al lado de la banca. Pero ya no somos esos niños que no se dan cuenta del cambio de billetes, ni tampoco aquellos que simplemente les da igual porque se divierten durante la partida. Ya no. Estamos hartos de perder.
España se mueve. Berlín se mueve. Porque ellos no nos representan. No les votes.
Hoy, nos vemos a las 18:30 en la Asamblea en Lustgarten. Mañana no te pierdas la Demo en Brandenburguer Tor .
Si me lees desde España, ¡ÁNIMO! Sal a la calle. Recuerda que la ley injusta no es ley.
A partir de ahora, en mi otro blog (ese que tengo abandonado) iré contando como marchan las manifestaciones aquí en Berlín.
En algunos medios nos llaman anti-sistema. ¿Y sabes qué? Hasta ahora no me había considerado nunca una anti-sistema, pero supongo que ahora sí. Porque estoy harta de este sistema que OTROS han creado por y para nosotros. Y la sangre me hierve cuando veo como algunos medios queriendo infravalorar el movimiento nos describe como perroflautas "que no saben muy bien de qué va la cosa". Les diré, que la mayoría de esos perroflautas reunidos aquí en Berlín están bien formados y hablan, al menos, tres idiomas. Algo que aquellos que (no) nos representan no pueden decir.
Llueve. Pero no importa. "Que llueva, que llueva y que limpie el sistema" coreamos. Tenemos una política basada en la CORRUPCIÓN , con mayúsculas (y con cargos), que ya ni siquiera intentan esconder. Los queremos fuera ¡ya! Olvidémonos del voto útil y del bipartidismo. Olvidémonos de votar al menos malo, porque sinceramente ¿hay uno menos malo?
España no es el Monopoli. Hasta ahora los políticos han ganado siempre ya que jugaban al lado de la banca. Pero ya no somos esos niños que no se dan cuenta del cambio de billetes, ni tampoco aquellos que simplemente les da igual porque se divierten durante la partida. Ya no. Estamos hartos de perder.
España se mueve. Berlín se mueve. Porque ellos no nos representan. No les votes.
Hoy, nos vemos a las 18:30 en la Asamblea en Lustgarten. Mañana no te pierdas la Demo en Brandenburguer Tor .
Si me lees desde España, ¡ÁNIMO! Sal a la calle. Recuerda que la ley injusta no es ley.
A partir de ahora, en mi otro blog (ese que tengo abandonado) iré contando como marchan las manifestaciones aquí en Berlín.
21 de abril de 2011
Hoy voy a ser políticamente incorrecta
Sí. Hoy, voy a hablar de política. ¿Tú? ¿Que ni siquiera ves las noticias? Pues sí. Yo. Porque últimamente a todo el mundo le ha dado por hablar de política. Estará de moda. Los que saben y los que no, sobre todo este último grupo, eso sí, siempre camuflado por aires de inteligencia y superioridad.
Parece ser que para ser alguien hay que hablar de política. Despotricar. Y mira, me apetece. Porque parece ser una buena válvula de escape. A la gente parece funcionarle.
Critiquemos todo. Porque todo es una auténtica mierda. Critiquemos a nuestro actual presidente: Porque el nos metió en esta crisis, por las tasas de paro, por las leyes aceptadas (que sólo quieren dar que hablar) y por sus decisiones tomadas. Critiquemos, porque es fácil.
Critiquemos también a la oposición: porque sólo sabe decir a todo que no. Porque sólo sabe culpar de todos los problemas al terrorismo y al actual presidente (éste ha ganado espacio estos últimos años). Porque de verdad, ¿quién quiere un país gobernado por un señor que no sabe ni pronunciar la s?
Critiquemos a los partidos pequeños porque sólo venden populismo, y al fin y al cabo acabarán siendo la misma mierda. (¿Ves? Ha sido hablar de política y ya he dicho esa palabra dos veces...)
Critiquemos a todos esos señores con traje, que se han escondido un pellizquito del dinero de todos, y quieren seguir al mando.
Critiquemos a aquellos que trabajan en un puesto en el que te gustaría trabajar (o por los menos para tener los caprichos que se pueden permitir, como viajar en business ¿por qué no?)
Critiquemos al jefe, porque ha contratado a su hijo en vez de contratarte a ti, que estás cien mil veces más preparado que él.
Critiquemos. Porque es fácil. Pero mientras tanto, me seguiré intentando colar en el metro y me descargaré la música de internet (¿pagar 5 euros al mes por tener toda la música que quiera a mi alcance? ¿Estamos locos?). Por supuesto, me quedaré la vuelta del dinero que mi madre me dé para comprar el pan ¡Ah! ¡y que no vea una bici sin candado que me la llevo para casa! Y entre risas, orgullosos, nos decimos " Es que los españoles somos así de perros. Somos más pícaros que los demás". Y nos lo creemos. Y nos gusta. Y yo digo, que así estamos. Cada vez más hundidos, y esta vez sí, en la mierda. Pero da igual, porque qué fácil es culpar alcabrón del presidente, a la oposición, y sobretodo a mi jefe. Y sin quererlo, damos nuestros votos a aquellos que son como nosotros. Pero con más poder. Con mucho más poder.
Yo de momento, intentaré buscarme algun trabajito en negro, que nadie se entera y, total, lo hace todo el mundo (¡y qué bien le va a venir esto a mi bolsillo!).
Parece ser que para ser alguien hay que hablar de política. Despotricar. Y mira, me apetece. Porque parece ser una buena válvula de escape. A la gente parece funcionarle.
Critiquemos todo. Porque todo es una auténtica mierda. Critiquemos a nuestro actual presidente: Porque el nos metió en esta crisis, por las tasas de paro, por las leyes aceptadas (que sólo quieren dar que hablar) y por sus decisiones tomadas. Critiquemos, porque es fácil.
Critiquemos también a la oposición: porque sólo sabe decir a todo que no. Porque sólo sabe culpar de todos los problemas al terrorismo y al actual presidente (éste ha ganado espacio estos últimos años). Porque de verdad, ¿quién quiere un país gobernado por un señor que no sabe ni pronunciar la s?
Critiquemos a los partidos pequeños porque sólo venden populismo, y al fin y al cabo acabarán siendo la misma mierda. (¿Ves? Ha sido hablar de política y ya he dicho esa palabra dos veces...)
Critiquemos a todos esos señores con traje, que se han escondido un pellizquito del dinero de todos, y quieren seguir al mando.
Critiquemos a aquellos que trabajan en un puesto en el que te gustaría trabajar (o por los menos para tener los caprichos que se pueden permitir, como viajar en business ¿por qué no?)
Critiquemos al jefe, porque ha contratado a su hijo en vez de contratarte a ti, que estás cien mil veces más preparado que él.
Critiquemos. Porque es fácil. Pero mientras tanto, me seguiré intentando colar en el metro y me descargaré la música de internet (¿pagar 5 euros al mes por tener toda la música que quiera a mi alcance? ¿Estamos locos?). Por supuesto, me quedaré la vuelta del dinero que mi madre me dé para comprar el pan ¡Ah! ¡y que no vea una bici sin candado que me la llevo para casa! Y entre risas, orgullosos, nos decimos " Es que los españoles somos así de perros. Somos más pícaros que los demás". Y nos lo creemos. Y nos gusta. Y yo digo, que así estamos. Cada vez más hundidos, y esta vez sí, en la mierda. Pero da igual, porque qué fácil es culpar al
Yo de momento, intentaré buscarme algun trabajito en negro, que nadie se entera y, total, lo hace todo el mundo (¡y qué bien le va a venir esto a mi bolsillo!).
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