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26 de noviembre de 2013

Canciones que hablan del mundo: Berlín (II)

Ya sólo quedan tres días. 

Sólo tres días para reencuentros que han tardado dos años. 

Para repetir actos que un día fueron costumbres.

Volver a los orígenes de este blog: para disfrutar del frío, de los mercados navideños, de la mi gente, del idioma, de su fiesta. Para disfrutad de la mi Ciudad.



Hoy, os llevo a Berlín (otra vez), y no quiero reproches. Una canción con sabor pamplonés.

Toro



18 de septiembre de 2013

Un día en Shanghai; la ciudad de los contrastes

Una palabra se repetiría una y otra vez en mi cabeza desde el momento en el pisé la estación de Shanghai: contraste.
Porque quizás no fuese Shanghai la ciudad más bonita, más impactante, más histórica ni más moderna (aunque de esto último tuviese mucho…) que haya visitado jamás, pero si es la ciudad con más caras. 

Encontré en Shanghai una ciudad interesante, viva y completa donde no me resultó demasiado complicado imaginarme pasando un tiempo de mi vida. Shanghai tenía ese nosequé europeo, y al mismo tiempo tan chino que, por primera vez desde que llegué a China, hizo que me sintiese un poquito más en casa. Y fue precisamente ese sentimiento, esa mezcla entre oriente y occidente, esa combinación de tradición y modernidad, riqueza y pobreza, esa belleza de tanto contraste, lo que me atrapó de Shanghai.

¡Sigue leyendo!

7 de diciembre de 2011

¡Cut & Go!

¡Cortar y marchar!

Así es el eslogan y la filosofía de estas peluquerías, que sin duda tienen todo lo necesario para triunfar en Berlín. Con dos sencillas palabras en inglés ofrecen el Santo Grial; algo práctico, rápido, barato y comercial.
Carteles de gran tamaño en sus escaparates revelan todo tipo de servicios a precios mínimos.
Y fue por azar, como casi todo en Berlín, como hice este descubrimiento. Una amiga me comentó que hace tiempo que quería cortarse el pelo, pero que el común respeto a la peluquería, y el pánico a explicar qué era exactamente lo que ella quería en alemán...había hecho que esa "tarea" ya obligada fuese retrasándose. Al instante me ofrecí voluntaria. Estaba de visita en la ciudad y no tenía nada planeado para esa mañana, así que rápidamente le organicé una escapada a la peluquería. Creo que ella, viéndose sobre la silla de tortura de un turco de tupé engominado que movía despreocupadamente sus tijeras afiladas, se arrepintió en ese mismo instante. Pidió clemencia, apostillando que realmente el corte no era urgente y que tenía mucho que hacer. Sabiendo que era el miedo, y no ella, la que hablaba, le animé quitándole de la cabeza la imagen del turco destrozando su pelo. Iríamos a Prenzlauer Berg, "donde están los modernos, pero los modernos con hijos, así que tranquila, tampoco será demasiado moderno" me expliqué.
Una vez en Prenzlauer Berg buscamos la peluquería adecuada. Todas tenían buena pinta, pero o no tenían el precio escrito en la entrada, o éstos eran desorbitados.
- Al final, tendré que irme a un turco...
Seguimos buscando, y llegamos a Mitte, donde entramos en una peluquería que estaba bien de precio y parecía lo justamente moderna. cogimos nuestro numerito (sí,sí, como en la carnicería...) y esperamos. Tras 15 minutos de corta paciencia, viendo que la pantallita todavía no se había movido y que el número estaba a 50 números luz  de nuestro numero, decidimos preguntar al chico de nuestro lado cuanto rato teníamos de espera.La respuesta, ni idea. Una chica hacía punto tranquilamente a su lado. ¡Y la bufanda iba bien avanzada!
Salimos de la peluquería para buscar un poquito más, y de paso hacer un poco de tiempo. Entonces lo vimos. Una peluquería moderna ofrecia en su escaparate Cortes de pelo desde 10 euros.
Entramos, cogimos nuestro número y esperamos. En unos breves diez minutos mi amiga ya estaba allí, junto a dos personas más, dejándose lavar la cabeza.  Mientras tanto yo me dediqué a observar el panorama. Y fue ahí cuando me llevé la mayor sorpresa de la mañana. Una señora, que acababa de ser atendida y a la cual ya le habían cortado el pelo  cogió sin dudar un secador que andaba por allí y comenzó a secarse el pelo ella misma. Aunque me llamó la atención no le di especial importancia, ya que quizás la señora tenía mucha prisa y quería adenlantar un poco el trabajo del peluquero...Pero no. Mi sorpresa aumentó cuando vi a la chica de su lado hacer lo mismo. El corte de pelo es eso, cortar , sin secado. Si quieres el pelo seco, lo haces tú.
Mi amiga me explicó después, que aunque a ella también le parecía curioso, no le pilló de susto, ya que ya le habían comentado este tipo de servicio.

¿Lo mejor? Sin duda, el precio: 10 euros. ¿Lo peor? Que a pesar de el autoconvencimiento del peluquero de que el corte de mi amiga era exactamente igual al que ella le había llevado en una foto, no lo era. El resultado quedó bien, pero el peluquero hizo lo que le dió la gana, aunque supongo que eso también pasa en España...



Por cierto, la chica del punto de la peluqueria anterior... apareció media hora después en la nuestra. Eso sí, la bufanda todavía más avanzada.

28 de octubre de 2011

Una compra carismática: el mercado de Santo Domingo en Pamplona

La gastronomía es, para mí, lo más importante de una cultura, aunque quizás es porque soy un poco golosa (no lo voy a negar...). Comprende qué y cómo come un país, y comprenderás cómo vive.
Pero muchas veces, cuando te encuentras en un país extranjero, hasta esto parece difícil. Cómo saber qué y dónde comprar y, una vez tengamos el producto, cómo cocinarlo son los mayores problemas para el viajero. Los restaurantes son una forma sencilla de acercarte un poquito a la gastronomía, pero quizás no tenemos presupuesto para comer cada día de restaurante y probar cada una de las comidas típicas. ¡Sigue leyendo!


Cardos en el mercado Santo Domingo, Pamplona (Puesto Jose Mari)










27 de julio de 2011

Los muros de Berlín

Bien es conocido el muro de Berlín: su historia, su localización y su famosa galería de arte situada en una sección del muro que fue salvada del derribo. Sin embargo, en Berlín no sólo hablan los dibujos y graffitis dibujados por artisas en la East Side Gallery, sino que cada pared, metro o escaparate pasa a ser un posible lienzo en blanco donde pintar y expresarse. Es aquí donde la atmósfera revolucionaria e inconformista de Berlín se descubre. Es aquí donde, una vez más, Berlín demuestra porqué es ella la ciudad del arte libre donde cada artista tiene su hueco.

Las paredes de Berlín son esta vez quienes cuentan la historia. La historia del Berlín más vivo, del Berlín más actual. Graffitis pintados sobre los muros de toda la ciudad le dan voz, permitiéndole gritar silenciosamente lo que piensa, lo que vive.

Pero me dejo de palabras y añado una pequeña selección que he hecho para vosotros. Por supuesto, si tenéis alguna foto que queráis compartir la añadiré con gusto.

  





Foto de Victoria de Miguel Jones

Foto de Victoria de Miguel Jones.

 Aunque no es propiamente un graffiti, me parece necesario añadirla. Foto de Victoria de Miguel Jones.

 I love Berlin, too. Foto de Victoria de Miguel Jones


 Edificio de la casa okupa Tacheles


Y, por supuesto, el plátano.

21 de julio de 2011

Un trocito de cielo, un trocito de Berlín.

Días grises en Navarra que me recuerdan los días grises en Berlín. Esos días grises que, por el hecho de no ser fríos, eran buenos días.

Quizás hoy me he acordado de Berlín más que cualquier otro día. Quizás las nubes que cubren el cielo sobre mi terraza me han recordado aquel Berlín, nublado y gris, que he dejado atrás con mi futuro incierto. Y sin querer, me he puesto nostálgica recordando calles, parques y rincones donde me perdí una vez, y donde sin dudarlo me perdería de nuevo. Y sin querer, me he imaginado allí, sentada, con los brazos recogiendo mis piernas y mirando al frente. Disfrutando del día (nublado pero cálido) y sonriéndome, porque estoy allí, donde quiero estar.

Y ya queriendo, he buscado las fotos de ese rincón y de ese domingo resacoso. Porque quería compartirlo con vosotros. Porque si no habéis estado, os lo recomiendo. Y porque si ya habéis estado, quizás os guste recordar la vista, las risas y el cielo de Berlín.


Este rinconcito lo podéis encontrar en la terraza del Hotel Amano, donde podréis tomar una cervecita o un cocktail disfrutando de una vista, a mi gusto, maravillosa. Durante el invierno, como es de suponer, el bar está cerrado, pero si le echáis morro podéis entrar en el hotel, subir en el ascensor hasta el último piso y disfrutar de la vista (Kostenlos!)


Una canción nostálgica, para un día nostálgico.

7 de julio de 2011

Ser un buen berlinés: Sal a ver Tatort

Una vez me dijeron que para ser una buena berlinesa tenía que hacer 3 cosas: ligar en el metro, comprar algo en un Flohmarkt y ver Tatort en uno de los Kneipe* berlineses.
Antes de irme, y aunque seguramente ésta no fuese ninguna verdad universal, me propuse cumplirlas. Pero ¿Tatort? Antes de nada tenía que saber qué era Tatort. Tras informarme un poquito supe que era una serie alemana muy famosa que lleva emitiéndose más de 40 años, lo que significa que empezó en 1970 y ha sobrevivido a formatos más nuevos y modernos. La serie, basada en la resolución de un crimen, se desarrolla cada vez en una ciudad alemana diferente y cuenta para ello con protagonistas diferentes. El concepto es sencillo pero tiene cautivados a los alemanes, quienes cada domingo a las 20:15 se plantan frente a su televisor y sintonizan el canal 1 (DasErste).

Para mi primer (y seguramente último) capítulo elegí uno especial. Un capítulo basado en la selección alemana femenina de fútbol, que se emitía en homenaje al comienzo del mundial femenino, que tiene a Alemania este año como anfitriona. Especialmente para este capítulo la expectación era máxima ya que en el aparecería el famoso entrenador de la selección alemana masculina Joachim Löw.

A las 19:00 llegamos a un Kneipe recomendado por internet para ver Tatort. Porque sí, incluso hay una sección especial de Tatort en Top10 Berlín (si no conocéis esta página pero vivís en Berlín, os la recomiendo fervientemente). Llegamos pronto, pero como éramos algo novatas en esto, no queríamos pecar de españolas y llegar tarde y quizás no tener sitio. El bar estaba casi vacío, pero conforme la hora se iba acercando el bar fue, poco a poco, llenándose de habituales. La pantalla, ya preparada, emitía el programa previo a Tatort.
A su hora, muy puntual, las luces se apagaron, la puerta se cerró y el volumen se aumentó. La serie ahora ya podía comenzar.



En el capítulo, la mejor jugadora del equipo de la selección alemana femenina había sido asesinada en las duchas y todos los de su alrededor eran posibles culpables: desde sus compañeras de equipo  y su entrenadora hasta su propia madre. La serie transcurre desde el punto de vista de los policías que estudian el caso y las diferentes entrevistas con los posibles sospechosos. He de decir que yo no supe adivinar al asesino (culpé a la madre durante gran parte del capítulo), aunque mi comprensión del alemán también puede ser un poco culpable...

La gran actuación del entrenador alemán me dejo sin palabras. Apenas apareció medio minuto en pantalla, durante el cual recibió la noticia del asesinato y reflejó su pena con una cara de preocupación lastimera. No dijo ni una palabra.

¿Mi valoración final? Me parece un plan más que interesante (e instructivo para aquellos que aprendemos alemán). Te permite quedar con los amigos de forma relajada un domingo, sin tener que hacer mayores esfuerzos (para aquellos que tengan resaca), comentar la noche anterior  mientras tomas una bebida caliente reconfortante.

3 de julio de 2011

Fin de etapa

Tras cuatro días de viaje a lomos del coche de mi hermano he llegado a mi nuevo, y al mismo tiempo antiguo, destino. Destino, al menos, para mi próximo mes y medio.

Atrás ha quedado una ciudad increíble. Maravillosa. La cual solo por el hecho de caminar de un lado a otro, tomar el metro o coger la bici conseguía hacerme sonreír. Pero a pesar de lo inolvidable de la ciudad, puedo asegurar que ella no fue lo mejor de estos últimos siete meses, sino que lo más importante fue, sin duda alguna, la gente que me permitió conocer.Y no me refiero al berlinés en general, que si hay que caracterizarlo por algo (con la dificultad que eso supone) sería por la poca simpatía hacia el "turista" (y lo digo después de visitar países como Suiza, Francia o España durante mi vuelta). Me refiero, sin embargo, a toda esa gente que he conocido allí. Porque todos ellos, aparte de brindarme momentos imborrables (y algún borroso que otro ¿para qué negarlo?), me han enseñado cositas que no se aprenden en institutos ni universidades.




Me llevo grandes momentos, que a su vez esconden grandes historias y espero que grandes futuros planes. Me llevo la felicidad de saber que hay mucha más gente como yo, con las mismas ilusiones e inquietudes, con la misma alegría y amor por lo desconocido. Me llevo, en definitiva, grandes amigos.

Y ahora desde aquí, veo una y otra vez aquellos videos en los que mi yo del pasado saludaba a las tantas de la mañana a mi yo del futuro (que es a su vez mi yo del presente)  y no puedo evitar una sonrisa melancólica.




Porque supongo que hoy, el dicho alemán "mit einem traurigen und einem lachenden Auge"* tiene más sentido que nunca. Mi futuro vuelve a abrirse ante mí, con los brazos abiertos, esperando que yo (o quizás un posible nuevo trabajo) decida mi siguiente paso (aunque, a decir verdad, prefiero pensar que soy yo la que lo decide). 


A modo de terapia, o bien como técnica masoquista (no sé todavía qué pensar) , escribiré mis ultimos posts sobre Berlín, los cuales, a pesar de tener muchas ideas, no escribí por falta de tiempo (o mejor dicho, por preferir invertir mi tiempo con esa gente tan maravillosa a la que conocí, y a quienes mando un beso enorme desde la calurosa Navarra).


20 de junio de 2011

¡Bienvenidos al Mauerpark!

Creo que aquellos que seguís un poco el blog ya sabéis que tengo una predilección especial por el Mauerpark... Cada domingo, si no hay un plan mejor y alternativo, nos reunimos allí, para sentarnos un ratito, comentar la noche anterior (mientras observamos los diferentes niveles de modernos) y bailar un poco al ritmo de la música del karaoke.
Aunque cada domingo sea lo mismo, el Mauerpark siempre sorprende: Unos jóvenes venden botellas de cerveza, mientras unos pfaneros recogen las vacías. Un chico pasa ofreciéndonos magdalenas y nos dice pasar con ello todo el mes ("menos el alquiler" recalca). Un grupo de percusión toca una batucada, y a escasos 20 metros otro grupito de batucada pero mejor equipados caldea el ambiente. La gente se agolpa a su lado y baila con frenesí, como si nadie le mirase. Un conejo de casi dos metros aparece de pronto y se pone a bailar en el centro del grupo. Si llueve, la banda saca una tienda de campaña para proteger los instrumentos y sigue tocando. La gente, alguna protegida con paraguas, sigue bailando. Una pareja comienza a hacer equilibrios al puro estilo circense y la gente, tan acostumbrada a esto, ni siquiera les mira.




Sí señores, bienvenidos al Mauerpark.

18 de junio de 2011

Tardes culturales

Aunque suene poco intelectual, la verdad es que no soy mucho de museos. Normalmente, los encuentro aburridos, sobrecargados y caros. 3 en 1. Por esta razón no son lugares donde vaya a menudo, sino que intento visitar sólo a aquellos que "merecen la pena". Qué subjetivo es eso ¿no?
Pero cuando ves un museo que merece la pena, la merece. Y es por eso que quiero compartir con vosotros un par de museos berlineses que me han gustado mucho (por si ahora o en un futuro tenéis la posibilidad de visitarlos). Que son caros es algo que lamentablemente tengo que confirmar, aunque yo afortunadamente esta semana tengo barra libre de museos gracias a un apaño de mi familia alemana.


El primer museo del que quiero hablaros es el Pergamonmuseum (o museo del Pergamo). Es un museo atípico. Olvidate de las vitrinas con pequeñas piezas históricas y de los carteles interminables. Aquí lo que verás son auténticas obras de arte de la arquitectura griega y babilónica. Gigantes. Pero como una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo unas fotos.



El precio del museo es de 12 euros, aunque existe la posibilidad de, pagando 16, visitar también el resto de museos de la isla de los museos (especialmente interesante el Neues Museum donde se encuentra el busto de Nefertiti)


El Jüdische Museum (5 euros) es otro museo que, bajo mi punto de vista, es imperdible. Simplemente por su fachada ya creo que hay que visitarlo. Es uno de los pocos museos en los que aconsejo, sin duda, la audioguía(3 euros). A través de ella se explica la arquitectura del museo y el porqué de la estructura de las diferentes habitaciones.

15 de junio de 2011

Y ahora ¿qué?

En los momentos de grandes cambios te lo (re)planteas todo. De dónde vengo y a dónde voy. Si es que realmente estoy yendo a algún lado. O lo que es más importante, si es que sé a dónde quiero ir. Porque últimamente ese parece ser el mayor de mis males. Mi brújula, situada hasta el momento en mi garganta (siempre con la voz cantante y a medio camino entre mi cabeza y mi corazón) parece haberse roto. O quizás sólo se ha mareado de tanto moverme. Pero parece que no encuentra el norte. Su agujas se mueven al son de mis pasos haciéndome caminar en círculos y, cuando por fin me quedo quieta, cada uno de sus opuestos (cabeza y corazón) empujan con todas sus fuerzas para ganar la batalla.
Mi aventura en Berlín tiene ya los días contados (15 para ser exactos), y es ahora cuando viene el agobio de hacer todas esas cosas que, una vez en casa, pensé que haría y todavía no he hecho. Como pasearme por cada Flohmark con aspecto de artista berlinesa, beber cerveza en cada Biergarten, hacer un pic-nic en ese parque tan especial o entrar en la exclusiva discoteca de moda. Cantar en el Maeurpark, excursionear con la bici a algún parque lejano o hacer de Pfanera (¡oye, cada uno tiene sus tonterías...!)  Y a pesar de las cosas de la lista que siguen sin tachar, pienso en Berlín y no puedo evitar sonreír. Porque algo en mi interior me dice "¿Y si fuera ella? ¿Y si fuese ella la ciudad que has estado buscando?"

¿Cenamos fuera?

¡Oh no! Mi economía da tanta pena que, si lo supiesen, los pfaneros me darían sus bolsas repletas de pfand. Cenar fuera de casa parece entonces todo un problema. Berlín es una ciudad con miles de restaurantes y donde, además, cada esquina huele a Kebab, pizza y otras delicias ante un estómago hambriento. Ahí donde tienes una pizzería puedes encontrar un tailandés y a su lado un restaurante japonés.
Pero no nos preocupemos. Si algo bueno que tiene Berlín (otra cosa más) es que los precios de la comida son relativamente baratos. Buscando un poco (y huyendo de los sitios totalmente turísticos) es posible cenar por 5 euros incluyendo la bebida. Eso sí, que se abstengan los sibaritas de servilleta de tela y cubierto de plata (o bueno, simplemente de cubierto...)
Los visitantes esporádicos de Berlín siempre te piden comer algo típico. "No sé, algo de aquí, de Berlín" te dicen. Como si fue esa la pregunta más sencilla. Berlín no es una ciudad gastronómica. Lo que en otros lados se conoce como comida típica aquí no existe. Encontrarás los platos típicos de Baviera, de Baden- Wuttemberg, de España y de China, pero si buscas una comida típica de Berlín elaborada seguramente te sientas decepcionado.

A no ser que te encanten las salchichas... y el curry. La currywurst es lo que más se puede asemejar eso que llamamos el plato típico berlinés (¡incluso tiene su propio museo!). La currywurst, como su propio nombre indica (currysalchicha), no es más que eso; una salchicha trozeada y embadurnada en kepchup y curry... No soy una gran enamorada de las currywurst, pero sí sé donde se hacen los mejores o, al menos, eso dicen. El Imbiss Curry 36 (que apenas cuenta con unas pocas mesas en su exterior, y carece de sillas) siempre tiene una fila esperando a ser servida. Se encuentra en Mehringdamm, por supuesto, en el número 36.

Yo, que soy más de kebab, tengo que admitir que si estoy por la zona soy incapaz de rechazar un kebab cocinado en el Mustafas Gemüse Kebap, que se encuentra a pocos metros del currywurst ya mencionado (justo a la salida de la parada UMehringdamm). No conozco a nadie que no hable delicias de esos Kebabs. Y la prueba es que, sea la fecha del año que sea, siempre tiene una (larga) fila de gente esperando. Cuando lo comí por primera vez era diciembre, o enero (una ya se olvida) y, pese a pensar que nada en el mundo podía merecer pasar ese frío, no me arrepiento. Lo que no es tan agradable es comérselo en la calle, de pie y a menos 10 grados (ya que es un puesto callejero) pero el Kebab ¡está riquísimo!


 Así que ya sabéis; visita obligada. Eso sí, elegid mejor que yo las fechas y podréis disfrutarlo de verdad.

8 de junio de 2011

Shhh! Berlin schläft... (o cómo disfrutar de Berlín de noche)

Son aproximadamente las cuatro de la mañana cuando el sol sale tímidamente de su escondite. La noche de cervecitas con los amigos ya ha acabado y decidimos irnos a casa porque mañana sí que hay que darlo todo.
Es en este momento cuando me pregunto en que maldito momento se me ocurrió traerme la bici (¡con lo cómodo que es coger el metro y olvidarse de pedalear!). Pero es un pensamiento tan fugaz que en dos pedaladas ya ha abandonado mi mente. El viento me golpea en la cara y los primeros rayos de sol me acarician la espalda.

Silencio...Berlín duerme. Las calles están vacías y su belleza, más que nunca, se respira en cada esquina. ¿Belleza? Dirán algunos. Sí, esa belleza que no todo el mundo puede ver en Berlín pero que aquel que la encuentra no quiere dejarla ir.















Y es en este momento cuando,  respirando profundamente, me alegro de haber decidido coger la bici. Porque ahora, sin coches ni taxis amenazantes, sin turistas a manos de una bici alquilada que no saben a dónde van, y sin ciclistas berlineses que se creen salidos del tour de Francia, la ciudad me pertenece. Recorro las calles con mi bici al puro estilo de Will Smith en Soy leyenda y me esfuerzo por no alargar los brazos (el golpe podría ser monumental) y gritar "¡Soy el rey del mundo!" como ya gritó en su día Leo di Caprio navegando en el Titanic.

26 de mayo de 2011

Juguemos al Buscaminas

Que Berlín guarda muchos secretos en su interior no es ningún secreto. Misteriosas estaciones fantasmas y morbosos búnqueres de guerra se anuncian en los mismos folletos que anuncian la típica visita a Berlín. lo por 12 euros puedes llevarte una visión diferente de la ciudad y un recuerdo más con el que completar un poquito tu visita a la ciudad.  Sin embargo, lo que yo todavía no sabía es que Berlín esconde algo más. Esconde bombas.

Hoy a las 10 de la mañana, unos 5000 vecinos de Kreuzberg han sido desalojados de sus casas por la policía a la voz de un megáfono. Una bomba británica proveniente de la segunda guerra mundial de 250 Kg había sido encontrada en May-Ayim-Ufer (qué mal cuerpo al darme cuenta que  yo justamente pasé ayer con la bici por allí).
A las 18:30 de la tarde parecía estar ya todo controlado. Los expertos de la LKA( Landeskriminalamtes) han conseguido desactivar la bomba sin problemas y todo ha vuelto a la normalidad. Los vecinos han sido realojados en sus casas y la línea U1 del metro ha vuelto a funcionar.

Foto del BZ digital

Lo curioso de esto es que parece ser que Berlín está plagado de bombas de este tipo. Se cree que más de 500.000 toneladas de bombas fueron lanzadas sobre Berlín durante la segunda Guerra Mundial, de las cuales un 15% nunca llegó a explotar. Hasta el momento se han encontrado unas 7300 bombas y se estima que todavía quedan en los suelos de Berlín unas tres mil (¡3000!). Los resultados al introducir los datos en internet y la poca sorpresa de la gente al comentarle la noticia da a entender que esto de los desalojos debido a pequeñas bombas de 250 Kg es aquí algo totalmente normal.

Un método bastante utilizado por las constructoras para localizar las bombas es mirar fotos aéreas de los bombardeos de la época y señalar puntos sospechosos. Aunque de todas formas, para construcciones de gran envergadura, se exige un reconocimiento previo del suelo con detectores.





Pero parece ser que no hay que preocuparse demasiado, ya que sólo una de todas estas bombas fracasadas*  ha explotado espontáneamente (1983). Afortunadamente no hubo víctimas ya que era día de fiesta y los niños no estaban en el colegio (sí, la bomba estaba debajo de un colegio...)




Y es que, construir en Berlín debe de ser como jugar al Buscaminas. ¡Cuidado! Aquí hay bomba.


* En los periódicos alemanes denominan a este tipo de bombas Blindgänger = proyectil no estallado, aunque tiene un segundo significado que significa fracasado.

23 de mayo de 2011

España

Vista por un niño alemán de 4 años.



Foto en la fachada de un edificio berlinés de camino a la guardería

20 de mayo de 2011

Ellos no nos representan

El pueblo que hasta ahora se resignaba a decir "Es lo que hay" o "Son todos iguales" parece haber despertado. España ( y lo que no es España) se mueve. Sedienta de un cambio. Porque se puede.

 



En Berlín también apoyamos la causa. Hay que manifestarse y ya. Porque podemos conseguirlo. Las opiniones y las ideas en la asamblea frente a la embajada española son constantes: blogs, páginas web, notas de prensa..."Tenemos que revolucionar también Alemania para que se sepa que está pasando en España" dice alguien a mi lado. Internet, ese gran temido por "los de arriba" y para el que se han establecido leyes impropias de una democracia, será quien les derrumbe. Porque aquí, y en las calles, tenemos el poder.  Y ambos han sido ya tomados.


En algunos medios nos llaman anti-sistema. ¿Y sabes qué? Hasta ahora no me había considerado nunca una anti-sistema, pero supongo que ahora sí. Porque estoy harta de este sistema que OTROS han creado por y para nosotros. Y la sangre me hierve cuando veo como algunos medios queriendo infravalorar el movimiento nos describe como perroflautas "que no saben muy bien de qué va la cosa". Les diré, que la mayoría de esos perroflautas reunidos aquí en Berlín están bien formados y hablan, al menos, tres idiomas. Algo que aquellos que (no) nos representan no pueden decir.

Llueve. Pero no importa. "Que llueva, que llueva y que limpie el sistema" coreamos. Tenemos una política basada en la CORRUPCIÓN , con mayúsculas (y con cargos), que ya ni siquiera intentan esconder. Los queremos fuera ¡ya! Olvidémonos del voto útil y del bipartidismo. Olvidémonos de votar al menos malo, porque sinceramente ¿hay uno menos malo?
España no es el Monopoli. Hasta ahora los políticos han ganado siempre ya que jugaban al lado de la banca. Pero ya no somos esos niños que no se dan cuenta del cambio de billetes, ni tampoco aquellos que simplemente les da igual porque se divierten durante la partida. Ya no. Estamos hartos de perder.

España se mueve. Berlín se mueve. Porque ellos no nos representan. No les votes.


 Hoy, nos vemos a las 18:30 en la Asamblea en Lustgarten. Mañana no te pierdas la Demo en Brandenburguer Tor .
Si me lees desde España, ¡ÁNIMO! Sal a la calle. Recuerda que la ley injusta no es ley.

A partir de ahora, en mi otro blog (ese que tengo abandonado) iré contando como marchan las manifestaciones aquí en Berlín.

17 de mayo de 2011

Los plátanos y Berlín (parte II)

Si algo tiene de bueno un blog (a parte de que puedes escribir de lo que quieras, y que quizás alguien hasta te lee) es que cuando alguien se entera de algo que te puede interesar, te lo cuenta. Así fue como mi amigo anisakis me dijo algo más sobre los plátanos que yo desconocía. Y algo que le da todavía más sentido a mi post de el plátano: el fruto deseado.

Para introducir ese post hablé sobre plátanos dibujados en las paredes de Berlín. En ese momento no sabía porqué esos plátanos estaban ahí dibujados, y la verdad es que ni siquiera me pregunté el porqué. Pensaba que alguien (por bromear) había decidido dibujarlos. Sin embargo mi amigo me dijo la clave "Un artista pinta estos plátanos en las galerías que él cree buenas".


La idea me gustó bastante. Hasta que buscando por internet... he conocido más del artista. El artista es un señor obsesionado con los plátanos. En mi pueblo lo llamarían loco, como a la pobre señora de Arguedas (la Pinturitas) que pinta y repinta la fachada de su casa cada día.
El artista, Thomas Baumgärtel, se hace llamar Der Bananensprayer, algo así como el grafitero de los plátanos (que digo yo, podía haber elegido bananaman que es más comercial). Aunque yo me río, el tío tiene su fama, la cual comenzó en 1983 con Kreuzigung einer Banane (Crucifixión de un plátano).


Y a partir de entonces ha sido un no parar. Según he leído ya ha marcado más de 4000 lugares, galerías y museos, en diferentes ciudades como Colonia, Nueva York, Berlín, Londres o Moscú (entre otras).
Aquí podéis ver al señor, y su obra:

16 de mayo de 2011

Visita (obligada) al médico

El fin de semana no ha sido lo esperado. El viernes, durante mi ratito de parque con los niños, empecé a notar sudores seguidos de escalofríos (cosa que casi nunca es buena señal).
Una vez aislada de los niños, dos buenos remedios infalibles: Espidifen y manta. Bueno, manta a ratos, porque desde pequeña sé que cuando la fiebre viene, la manta debe irse. Y la fiebre vino.
Y así pasé el sábado. Manta viene, manta va. Espidifen al agua, espidifen a la garganta. Esta última, al compás de la fiebre, se iba hinchando por momentos.
El domingo me levanté muy mal, y para colmo meine Tage. Si es que cuando a una le toca, ¡le toca!


"Afortunadamente", la mamá debió de verme muy mala cara y me dijo que hoy no llevase a los niños al colegio (aunque mi yo maliciosa sospecha que de lo que tiene miedo es al contagio de los niños). A la mañana, me he despertado sin fiebre (¡por fin!) aunque mi garganta parecía todavía un nido donde se habían asentado dos huevos (de los blancos). Y cómo no, me ha tocado ir de médicos. Y eso os quería explicar. Porque la cosa va un poco diferente a España.
En Alemania no hay Seguridad Social, o no al menos tal y como la conocemos nosotros. Aquí todo funciona a partir de Krankenkassen, que vienen a ser como seguros médicos ( y las hay tanto públicas como privadas). Normalmente, el propio trabajo paga este seguro, o al menos la mitad de él (porque no se caracterizan especialmente por lo baratas que son).
Pero en mi caso, que soy española y residente en Berlín con un trabajo no del todo real ( ser au-pair no cotiza) , no me hace falta ninguna de ellas, ya que con la tarjetita azul Sanitaria Europea (que ahora es válida durante dos años) es suficiente.
Aquí no hay ambulatorios o centros de salud, sino que la cosa va por Praxis, es decir, consultas en casas o pisos, de aspecto privado (pero que realmente son públicas) y que cada una tiene una especialización (desde médico de cabecera hasta ginecología). Entonces, cuando necesitas un médico, lo único que tienes que hacer es coger la lista de consultas disponibles y dirigirte a una de ellas (bien por proximidad o por recomendación).
Una vez allí tendrás que pagar 10 euros (Praxisgebühr), y será así tengas el seguro médico (publico o privado) que tengas. Estos 10 euros serán válidos durante tres meses para ese mismo tipo de consulta (en mi caso, médico de cabecera). Parece un poco extraño, pero tiene una explicación (son alemanes, ¡tiene que tenerla!). Antes, era como en España: nada de 10 euros. Pero se fijaron, que mucha gente iba al médico por "cositas" que no necesitaban de un especialista o por un catarro que sólo necesita reposo. Así que decidieron que tenían que hacer algo. Y establecieron esto. Una suma simbólica cuando se trata de una emergencia, pero una cifra no tan pequeña cuando se trata de un simple catarro. Gracias a esto, han reducido las listas de espera de forma considerable (sobre todo en los referente a especialistas).
Si has pagado 10 euros por ir al médico de cabecera y vas al ginecólogo deberás pagar otros 10 euros, a no ser que el médico de cabecera te haga un justificante diciendo que necesitas esa visita y que ya le has pagado a él esos 10 euros. Esto es así siempre, exceptuando al dentista, a quien siempre hay que pagarle estos 10 euros.
Mi consulta (recomendada por la mamá aunque creo que por cercanía) estaba en una casa que bien podía pasar por okupa, aunque luego el interior estaba bastante bien. Me ha acogido un hombre, más encorvado que una C, que me ha saludado amablemente. Mi acento casi alemán y mi pelo moreno le ha hecho pensar que era italiana (aunque juraría que no he dicho " Ich haate Fieeber den ganze Wochoneeeende"). Después de esto me ha dado un papel en muchos idiomas donde tenía que firmar que no estoy aquí en Alemania para aprovecharme del sistema médico y ser tratada aquí (algo que también me ha sorprendido y me ha hecho preguntarme si esto en España también es así). 
Después de pagar, oscultarme y meterme el dichoso palito hasta hacerme casi vomitar me ha dado el diagnóstico: No es bacteriano así que no necesito antibiótico, sólo reposo y hacer gargaras con un líquido (Oraldine de toda la vida). Y en caso de dolor, siga con su droga: El espidifen (amén).








Deciros desde aquí que ya han salido los finalistas del concurso, y no estamos entre ellos (Ooooh!). Pero bueno, valoramos el haber vivido con esa pequeña ilusión estos días, y hemos aprendido cositas para otras posibles ediciones. De todas formas, agradeceros de corazón a todos vuestro apoyo, y vuestros votos.

11 de mayo de 2011

Fauna berlinesa: Los Pfaneros

Hoy tengo el placer de presentaros otra especie berlinesa: Los Pfaneros.

¿Qué son? Sencillo. Personas que viven del Pfand en Berlín. ¿Del Pfand? Si te preguntas que es el Pfand, es que nunca has estado en Alemania. Pero no te preocupes que te lo resumo en unas lineas. El Pfand es el dinero que recibes cuando devuelves las botellas al supermercado. Cada tipo de botella tiene un valor, generalmente 8 céntimos por las de cristal, 15 por las de plástico y 25 por las latas. Aunque, a modo de detalle, avisaré que en Alemania "se lleva" mucho el cristal, por lo que no es tan común como en España ver la Coca-cola en lata o en botella de plástico, si no que la mayoría de las veces la encontrarás en cristal.

¿Y quién paga ese Pfand? Tú. Cuando compras una bebida, se le añade automáticamente el precio del Pfand, aunque en el cartelito pondrá el precio sin Pfand (así que cuidado si vas cortito de dinero a comprar).

Si lo has pagado, ¿por qué no ir a devolverlo? Por comodidad. Porque es domingo. Porque estás en un parque. Porque pesa. Por muchas razones. Entonces ahí aparece el pfanero, quien con bolsas o con un carrito de supermercado va buscando el Pfand "abandonado" en las calles y parques. Y digo abandonado entre comillas porque muchas veces se acercan a ti y te preguntan si puede llevarse esas botellas que tienes alrededor (incluso hay algunos que te meten un poco de presión para que te acabes la botella).
Los hay de distintos niveles y clases. Desde aquellos que, cargados con su bolsa miran por las papeleras y suelos de la estación (suelen ser mendigos que buscan lo justo para pasar el día)  hasta aquellos que parecen dedicarse profesionalmente. Me explico. Este grupo, ante el cual yo me quito el sombrero, aparecen en parques, en días puntuales y horas puntuales, donde saben harán un buen negocio. Por ejemplo un domingo desde la una hasta las siete en Mauerpark. Estos vienen bien preparados, sabiendo lo que les espera: un continuo recoger de botellas. Hay un asiático en Mauerpark que viene con bolsas de basura comerciales y llena más de tres, y cuando digo comerciales quiero decir que ¡son enormes! Vamos, que no sé cómo hará para poder mover una de un lado a otro ( ¡y tiene tres!).

Pero de todos los que he visto, me quedo con él. Le tuve que echar una foto, porque me pareció genial:

El señor tiene un cartelito que pone "Wanted. Danke. Flasche sucht Flaschen*". Lo curioso del caso es que el señor movía la silla con las piernas...pero de esta forma se evitaba el tener que ir buscando las botellas y agacharse, ya que la gente se las llevaba hasta él.


*Flasche(que normalmente significa botella) tiene un doble significado (menos conocido) que significa iletrado/inculto.
Por lo que su frase queda "Iletrado busca botellas"