Éste sería el subtítulo de este post si los tuviese. Y porque, pese a todo, fue uno de los mejores días de mi vida. ¡Sigue leyendo!
Porque para sentirte vivo es necesario cruzar de vez en cuando la línea de confort.
Mostrando entradas con la etiqueta amapola. Mostrar todas las entradas
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24 de septiembre de 2013
La muralla china sin excursión organizada: cómo llegar a Jinshanling
Éste sería el subtítulo de este post si los tuviese. Y porque, pese a todo, fue uno de los mejores días de mi vida. ¡Sigue leyendo!
15 de octubre de 2012
¡Bienvenido a Marrakech!
Hace apenas una semana cogía un avión con destino Marrakech. Quizás éste no fuese el destino deseado en un primer sondeo, pero un conjunto de caracterísiticas hizo que la balanza acabase inclinándose finalmente hacia su lado.
¡Sigue leyendo!
10 de abril de 2011
Buscar trabajo: Entrevista telefónica
Pues nada chicos, ya puedo decir que me he desvirgado. Pero creo que ha sido violación. Todo pasó muy rápido, y sin consentimiento. "Por fin" tuve mi primera entrevista telefónica.
El miércoles recibí una llamada de un número alemán (a eso de las 11 de la mañana), y yo descolgué el teléfono pensando que sería de esa guardería española en la que podría dar clases a niños (pobre de mí). Cuando descolgué el teléfono empezó la catástrofe. Ya de principio casi no supe ni decir mi nombre. La costumbre alemana es descolgar el teléfono diciendo tu nombre, de esta forma el que llama ya sabe que ha marcado correctamente el número. Yo, por mi parte, contesté con un pobre "hallo", por lo que la chica al otro lado ya se notaba un poquito incómoda.
Después de aclararnos cada una con quién hablábamos, aunque tengo que decir que a mí no me quedó para nada claro la empresa de la que me llamaban (a pesar de hacerle repetirme el nombre), pasamos al tema serio.
- ¿Cuándo podríamos llevar a cabo una entrevista telefónica?
-¿Qué le parece mañana, a eso de las 11?- Me atreví a decir como aquella que tiene una agenda ocupadísima, aunque lo unico que quería era un poco de tiempo para prepararme un par de frases.
- ¿No le va bien ahora mismo?
Volví a repetirle que el día siguiente a la mañana sería perfecto, pero ella volvió a insistir:
- A ver señorita, no es que tenga nada mejor que hacer, pero lo que quiero es no quedar como una tonta delante de usted- Tenía que haberle dicho.
Aunque, por supuesto, me limité a contestar: "sí, por supuesto ¿por qué no?"
- Usted ha solicitado esta plaza en nuestra empresa ¿por qué? y ¿qué cree que nos puede ofrecer?
Puuuum! Soltó la bomba. Yo, que no le había entendido ni siquiera de que empresa me hablaba. Y volví a sentir esos sudores fríos al tener que hablar alemán, que desde que llegué a Berlín había dejado atrás.
Y sabiendo que ese trabajo no era para mí, por no estar totalmente cualificada (debido al alemán), intenté venderme, como pude. Expliqué mi situación, y mis cualidades (no os creáis, las resumí en la frase "no hablo perfecto el alemán, pero sé otros idiomas), lo cual pareció bastarle ya que su siguiente pregunta fue:
- ¿Estaría dispuesta a ir a Munich?
Ahora era el momento de aceptar TODAS las opciones que me ofreciesen.
- Por supuesto, claro que a partir de julio. Pero sin problemas.
Y así acabó la entrevista: enviando mi currículum, con mi carta de presentación y todo hacia Munich, ya que allí quizás sí que igual necesitan gente que "supiese otros idiomas".
Quizás, como dice mi hermano, y pensándolo fríamente, a esto no se le puede llamar un resultado tan desastroso.
El miércoles recibí una llamada de un número alemán (a eso de las 11 de la mañana), y yo descolgué el teléfono pensando que sería de esa guardería española en la que podría dar clases a niños (pobre de mí). Cuando descolgué el teléfono empezó la catástrofe. Ya de principio casi no supe ni decir mi nombre. La costumbre alemana es descolgar el teléfono diciendo tu nombre, de esta forma el que llama ya sabe que ha marcado correctamente el número. Yo, por mi parte, contesté con un pobre "hallo", por lo que la chica al otro lado ya se notaba un poquito incómoda.
Después de aclararnos cada una con quién hablábamos, aunque tengo que decir que a mí no me quedó para nada claro la empresa de la que me llamaban (a pesar de hacerle repetirme el nombre), pasamos al tema serio.
- ¿Cuándo podríamos llevar a cabo una entrevista telefónica?
-¿Qué le parece mañana, a eso de las 11?- Me atreví a decir como aquella que tiene una agenda ocupadísima, aunque lo unico que quería era un poco de tiempo para prepararme un par de frases.
- ¿No le va bien ahora mismo?
Volví a repetirle que el día siguiente a la mañana sería perfecto, pero ella volvió a insistir:
- A ver señorita, no es que tenga nada mejor que hacer, pero lo que quiero es no quedar como una tonta delante de usted- Tenía que haberle dicho.
Aunque, por supuesto, me limité a contestar: "sí, por supuesto ¿por qué no?"
- Usted ha solicitado esta plaza en nuestra empresa ¿por qué? y ¿qué cree que nos puede ofrecer?
Puuuum! Soltó la bomba. Yo, que no le había entendido ni siquiera de que empresa me hablaba. Y volví a sentir esos sudores fríos al tener que hablar alemán, que desde que llegué a Berlín había dejado atrás.
Y sabiendo que ese trabajo no era para mí, por no estar totalmente cualificada (debido al alemán), intenté venderme, como pude. Expliqué mi situación, y mis cualidades (no os creáis, las resumí en la frase "no hablo perfecto el alemán, pero sé otros idiomas), lo cual pareció bastarle ya que su siguiente pregunta fue:
- ¿Estaría dispuesta a ir a Munich?
Ahora era el momento de aceptar TODAS las opciones que me ofreciesen.
- Por supuesto, claro que a partir de julio. Pero sin problemas.
Y así acabó la entrevista: enviando mi currículum, con mi carta de presentación y todo hacia Munich, ya que allí quizás sí que igual necesitan gente que "supiese otros idiomas".
Quizás, como dice mi hermano, y pensándolo fríamente, a esto no se le puede llamar un resultado tan desastroso.
5 de abril de 2011
Salvarse de una multa "haciéndose" la española...
¡Y yo que creía que eso era un mito y que estas cosas nunca funcionaban en la realidad!
Pues mira, hoy me ha funcionado. Y nunca lo hubiese dicho antes. Yo, que no estoy acostumbrada al bandalismo, a eso de saltarme las normas... Y que cuando lo hago, cuando me salto un poquito las reglas establecidas.. ¡pues se me nota en la cara! Y para colmo ¡no sé mentir!
Así que podéis imaginar mi cara cuando iba yo hoy con mi bici por la acera (ya que había un tráfico bastante intenso en la carretera, y pasaba de ponerme al nivel de los coches) y he visto unos diez policías, todos en un mismo punto) parando bicicletas. ¿Parando bicicletas? ¿En serio? Pues sí.
Entonces, uno de esos diez policías (parado en mi camino) ha levantado su brazo hasta la altura de los hombros gesticulando que me bajase de la bici. El policía ha comenzado su charla:
- Señorita, ¿a caso no sabe usted que montar en bici por la acera está terminantemente prohibido? Sólo a los niños les está permitido. Además, venía usted un poco rápido ¿no cree usted?"
Aquí me han dado ganas de darle las gracias por el cumplido, ya que nunca me he considerado rápida con la bici...Aún así, yo he continuado callada y sonriendo (como si él me estuviese deseando que pasase un buen día...).
- Señorita, ¿cómo quiere usted pagar entonces?
¿Pagar? ¿Pagar? En ese momento mi sonrisa se ha congelado pero, como ya sonreía, el señor policía parece no haberlo notado..
Ya un poco molesto, por la falta de respuesta (o quizás por mi sonrisa permanente), me ha preguntado directamente:
- ¿Me comprende usted señorita? - ¡Uy! ¡Uy si le entiendo caballero...!
Y aquí ha llegado mi momento, mi escena principal. Poniendo cara de simpática pero de aquella que no se entera de nada:
- Un poquito.- He contestado
El señor policía, que entonces lo ha comprendido todo me ha preguntado:
- ¿De dónde es usted, señorita?
- De España.
El, con toda la paciencia posible (que, en mi opinión, no es algo que les caracterice especialmente), me ha vuelto a explicar más despacio todo eso que yo ya había entendido.
- ¿Comprende usted, señorita?
- Sí, creo.
- ¿Qué cree? ¿Qué le he dicho?
- Que no puedo conducir con la bici por aquí.
- Genau
Y con un gesto, cansado, me ha permitido continuar el paso diciendo "Sólo a los niños les está permitido..."
Mientras tanto, el control policial continuaba poniendo recetitas a aquellos que, como yo, circulaban por la acera...
Pues mira, hoy me ha funcionado. Y nunca lo hubiese dicho antes. Yo, que no estoy acostumbrada al bandalismo, a eso de saltarme las normas... Y que cuando lo hago, cuando me salto un poquito las reglas establecidas.. ¡pues se me nota en la cara! Y para colmo ¡no sé mentir!
Así que podéis imaginar mi cara cuando iba yo hoy con mi bici por la acera (ya que había un tráfico bastante intenso en la carretera, y pasaba de ponerme al nivel de los coches) y he visto unos diez policías, todos en un mismo punto) parando bicicletas. ¿Parando bicicletas? ¿En serio? Pues sí.
Entonces, uno de esos diez policías (parado en mi camino) ha levantado su brazo hasta la altura de los hombros gesticulando que me bajase de la bici. El policía ha comenzado su charla:
- Señorita, ¿a caso no sabe usted que montar en bici por la acera está terminantemente prohibido? Sólo a los niños les está permitido. Además, venía usted un poco rápido ¿no cree usted?"
Aquí me han dado ganas de darle las gracias por el cumplido, ya que nunca me he considerado rápida con la bici...Aún así, yo he continuado callada y sonriendo (como si él me estuviese deseando que pasase un buen día...).
- Señorita, ¿cómo quiere usted pagar entonces?
¿Pagar? ¿Pagar? En ese momento mi sonrisa se ha congelado pero, como ya sonreía, el señor policía parece no haberlo notado..
Ya un poco molesto, por la falta de respuesta (o quizás por mi sonrisa permanente), me ha preguntado directamente:
- ¿Me comprende usted señorita? - ¡Uy! ¡Uy si le entiendo caballero...!
Y aquí ha llegado mi momento, mi escena principal. Poniendo cara de simpática pero de aquella que no se entera de nada:
- Un poquito.- He contestado
El señor policía, que entonces lo ha comprendido todo me ha preguntado:
- ¿De dónde es usted, señorita?
- De España.
El, con toda la paciencia posible (que, en mi opinión, no es algo que les caracterice especialmente), me ha vuelto a explicar más despacio todo eso que yo ya había entendido.
- ¿Comprende usted, señorita?
- Sí, creo.
- ¿Qué cree? ¿Qué le he dicho?
- Que no puedo conducir con la bici por aquí.
- Genau
Y con un gesto, cansado, me ha permitido continuar el paso diciendo "Sólo a los niños les está permitido..."
Mientras tanto, el control policial continuaba poniendo recetitas a aquellos que, como yo, circulaban por la acera...
29 de marzo de 2011
Curiosidades del idioma ( Parte III)
El otro día me pasó algo que (a mí al menos) me pareció curioso.
Iba con la peque en el carrito, era bastante tarde (lo que para una niña de año y medio se traduce a "eran las 6 y media de la tarde") y, como no quería arriesgarme a que comenzase a llorar o a que se enfriase, decidí coger el tranvía. Para subir a éste había un escalón bastante alto que complicaba un poco el manejo del carrito.
Una chica (muy simpática ella) se dirigio a mí y me dijo:
- ¿Necesita ayuda?
A lo que yo, con cara de mujer necesitada, le respondí un:
- Ja, danke.- O lo que es lo mismo " Sí, gracias".
La chica me miró con cara extraña, y se sentó. Yo, también con cara extraña, miré a la chica y haciendo peripecias conseguí subir el carrito al tranvía.
Al llegar a casa, la mamá me preguntó cómo había ido todo con la niña y yo, todavía extrañada, le conté la historia. Ella me sonrió como quien sonríe a un niño que ha dicho algo inocente y supongo que pensó para sus adentros "pobre pipiolilla que no se entera de nada".
Entonces me dio una clase magistral.
Al responder " Gracias" le estas diciendo que valoras su proposición pero que rechazas la oferta. Sin embargo, la respuesta correcta para aceptar la ayuda sería "Ja, bitte", o lo que es lo mismo "Sí, por favor".
Una vez la lección aprendida, y sintiéndome satisfecha, me fui a dormir.
Hoy me he levantado para rellenar mi vaso de agua. Muy educadamente, me he ofrecido para llenar también los suyos:
- Voy a por más agua ¿queréis vosotros también?
A lo que la mamá me ha respondido:
- Danke.- O lo que es lo mismo "gracias".
Mi reflejo ha sido más rápido que mi mente y mi brazo ya se estaba estirando para coger su vaso, cuando mi cerebro ha recordado. ¡" gracias" quiere decir "no, gracias"!
Cual gacela, he recogido de nuevo mi brazo y he mirado para otro lado (sólo me ha faltado silbar para intentar disimular mi malentendido), pero la mamá, que es muy avispada, me ha mirado y me ha sonreído con complicidad. Esa complicidad que dice "muy bien mi querida aprendiz".
Iba con la peque en el carrito, era bastante tarde (lo que para una niña de año y medio se traduce a "eran las 6 y media de la tarde") y, como no quería arriesgarme a que comenzase a llorar o a que se enfriase, decidí coger el tranvía. Para subir a éste había un escalón bastante alto que complicaba un poco el manejo del carrito.
Una chica (muy simpática ella) se dirigio a mí y me dijo:
- ¿Necesita ayuda?
A lo que yo, con cara de mujer necesitada, le respondí un:
- Ja, danke.- O lo que es lo mismo " Sí, gracias".
La chica me miró con cara extraña, y se sentó. Yo, también con cara extraña, miré a la chica y haciendo peripecias conseguí subir el carrito al tranvía.
Al llegar a casa, la mamá me preguntó cómo había ido todo con la niña y yo, todavía extrañada, le conté la historia. Ella me sonrió como quien sonríe a un niño que ha dicho algo inocente y supongo que pensó para sus adentros "pobre pipiolilla que no se entera de nada".
Entonces me dio una clase magistral.
Al responder " Gracias" le estas diciendo que valoras su proposición pero que rechazas la oferta. Sin embargo, la respuesta correcta para aceptar la ayuda sería "Ja, bitte", o lo que es lo mismo "Sí, por favor".
Una vez la lección aprendida, y sintiéndome satisfecha, me fui a dormir.
Hoy me he levantado para rellenar mi vaso de agua. Muy educadamente, me he ofrecido para llenar también los suyos:
- Voy a por más agua ¿queréis vosotros también?
A lo que la mamá me ha respondido:
- Danke.- O lo que es lo mismo "gracias".
Mi reflejo ha sido más rápido que mi mente y mi brazo ya se estaba estirando para coger su vaso, cuando mi cerebro ha recordado. ¡" gracias" quiere decir "no, gracias"!
Cual gacela, he recogido de nuevo mi brazo y he mirado para otro lado (sólo me ha faltado silbar para intentar disimular mi malentendido), pero la mamá, que es muy avispada, me ha mirado y me ha sonreído con complicidad. Esa complicidad que dice "muy bien mi querida aprendiz".
19 de marzo de 2011
¡Ups! I did it again...
No es la primera vez que me pasa. Tenía que haber aprendido la lección...Y creí haberla aprendido, pero hoy me ha pasado de nuevo.
¿Que qué me ha pasado? ¡Los calcetines! Losmalditos calcetines otra vez.
Que no lo pienso...Me despierto, y como tengo un ojo medio cerrado y el otro alegañao pues no pienso en los calcetines. ¡Eso en España no era necesario! Porque sí, aquí eso es muy importante...¡a la mínima te hacen descalzarte! ¿Que llegas a casa? Descálzate. ¿Que vas a casa de alguien a visitarla o solo de pasada? Descálzate. ¿Que vas a deporte con los niños o a cantar canciones en inglés? Lo dicho, descálzate.
Que lo veo higiénico, ordenado, limpio...pero es un rollo. Que tengo que invertir más tiempo en pensar qué calcetines me pongo que en la camiseta (total, no va a hacer tanto calor en ningún lado...). Atomataos, impares, desteñidos o incluso un poco desgastados están ya fuera de mi lista. Y de mi cajón. O eso pensaba.
Pero me había olvidado del factor leggins. Esos leggins ya desgastados, pero que tan agusto llevo. La sensación de quitarme las botas y decir "¡Oh, no!¿así estaban de viejos mis leggins?" Pues parece que sí. Y no me ha quedado otra que cantar, y bailar, (hoy en Englischmusik), a pies descalzos, intentando disimular el paso del tiempo en mis leggins mientras deseaba que el real pasase rápido...
¿Que qué me ha pasado? ¡Los calcetines! Los
Que lo veo higiénico, ordenado, limpio...pero es un rollo. Que tengo que invertir más tiempo en pensar qué calcetines me pongo que en la camiseta (total, no va a hacer tanto calor en ningún lado...). Atomataos, impares, desteñidos o incluso un poco desgastados están ya fuera de mi lista. Y de mi cajón. O eso pensaba.
Pero me había olvidado del factor leggins. Esos leggins ya desgastados, pero que tan agusto llevo. La sensación de quitarme las botas y decir "¡Oh, no!¿así estaban de viejos mis leggins?" Pues parece que sí. Y no me ha quedado otra que cantar, y bailar, (hoy en Englischmusik), a pies descalzos, intentando disimular el paso del tiempo en mis leggins mientras deseaba que el real pasase rápido...
3 de febrero de 2011
20 de diciembre de 2010
Frío, nieve y mercados navideños
La nieve llega a Berlín ¡Y de qué forma! Nieve, y más nieve. La bicicleta se queda aparcada en el patio, ya que con este frio...¡no hay quién la coja!
Eso sí, Berlín está precioso. Mercados navideños en cada esquina que desprenden olores a salchichas, crêpes y glühwein (un vino caliente con canela muy típico de estas fechas), villancicos como música de fondo y el frío como personaje principal. Simplemente perfecto (¡uy!, excepto por el frío).
Aquí me siento de nuevo como una amapola: Mirando puestecitos veo un abrigo que me gusta (y que además necesitaba), a lo que el señor me trata muy amablemente y me ayuda a probármelo. Me dice que son 99 euros y yo contesto que debo pensármelo ya que no llevo el dinero encima (cosa que no era verdad, pero me parecía mucho dinero). Amablemente (otra vez) me contesta que le diga cuánto dinero estoy dispuesta a ofrecerle. Yo, queriendo irme (ya que lo de comprar en mercadillos nunca fue lo mío) le contesto que 50 euros. Y él, haciéndose el dubitativo acepta la oferta y mete en una bolsa mi nuevo abrigo. Así me quedé yo, dando mis 50 euros sin atreverme a negarme y, a pesar de haberlo sacado a la mitad de precio, sintiéndome engañada.
Eso sí, Berlín está precioso. Mercados navideños en cada esquina que desprenden olores a salchichas, crêpes y glühwein (un vino caliente con canela muy típico de estas fechas), villancicos como música de fondo y el frío como personaje principal. Simplemente perfecto (¡uy!, excepto por el frío).
Aquí me siento de nuevo como una amapola: Mirando puestecitos veo un abrigo que me gusta (y que además necesitaba), a lo que el señor me trata muy amablemente y me ayuda a probármelo. Me dice que son 99 euros y yo contesto que debo pensármelo ya que no llevo el dinero encima (cosa que no era verdad, pero me parecía mucho dinero). Amablemente (otra vez) me contesta que le diga cuánto dinero estoy dispuesta a ofrecerle. Yo, queriendo irme (ya que lo de comprar en mercadillos nunca fue lo mío) le contesto que 50 euros. Y él, haciéndose el dubitativo acepta la oferta y mete en una bolsa mi nuevo abrigo. Así me quedé yo, dando mis 50 euros sin atreverme a negarme y, a pesar de haberlo sacado a la mitad de precio, sintiéndome engañada.
17 de diciembre de 2010
¡Peligro! Peraltesa en bici por Berlín
23 de Noviembre:
Pese al frío (¡mucho!) me animo a coger la bici y empezar a conocer la ciudad. Todavía no tengo guantes, ni gorro, y en mis pies solo calzo unas converses de marca desconocida. Salgo de mi calle, Bergstraße, e intento llegar hasta Friederichstraße.
Pedaleo mucho, hasta que pensándolo fríamente (que ironía) me doy cuenta de que algo no va bien. ¿Dónde estoy? y lo que es más importante ¿dónde está Friederichstraße?
Tras sentirme más de pueblo que una amapola, con la bici, helada, sin saber como funciona el tráfico al ir montada en una bici y después de susurrar más de 50 veces a los coches "perdón, perdón, perdón" decido volver al punto de partida. Esta solución me parece más sencilla que encontrar Friederichstraße. Y así lo hago. Vuelta para casa y empezamos de nuevo.
Resulta que la calle no estaba tan lejos, no a más de 5 minutos con la bici (yo había andado más de 15 hasta que me di cuenta que algo no iba bien...) Si es que no puedo salir de Peralta...
Entro en Zara, el Spirit...¿ se han vuelto locos? ¡los precios están por las nubes! Entro en una tienda en la que hay de todo y me compro un gorro (no muy bonito, pero tapa las cabeza y las orejas y me hará un buen papel). En un alemán, que no entiendo, la señora me dice si quiero llevármelo puesto (mi cara de frío debía de ser para verla...).
Con la cabeza más caliente salgo de la tienda y veo un puestecito de navidad donde venden guantes. Allí, "hablo" con el señor y me pruebo unos, de estos que son como manoplas pero que también son guantes. Pago los 10 euros, y me voy.
Contenta. Como si el mundo fuese mío. Ahora que tengo la cabeza y las manos calientes el frío ya no puede conmigo. O por lo menos, eso creía.
Con mis guantes, mi gorro y mi bici me voy de turisteo. Llego hasta Unten den Linden y Gendarmenplatz. Mi sorpresa, grata, cuando veo que el mercado de navidad de Gendarmenplatz (el Gendarmenmarkt), uno de los más bonitos según los berlineses, ya está colocado.
Gendarmenmarkt en Gendarmenplatz.
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