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9 de julio de 2013

Ruta en bici por los alrededores de Yangshuo (III): Moon Hill ( y mama Luna)

Una vez visitado el gran árbol Banyan, seguimos nuestro camino hacia la colina de la Luna. Ya llevábamos unos cuantos kilómetros en nuestras piernas, pero el paisaje seguía sorprendiéndonos en cada pedalada. 


A un kilómetro del Big Banyan Tree encontramos la ansiada Colina de la Luna, más conocida allí como Moon Hill. Al llegar allí nos avasallan tres señoras mayores que intentan vendernos algo, aunque todavía desconocemos qué. Aparece entonces Mama Luna.

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8 de julio de 2013

Ruta en bici por los alrededores de Yangshuo (II): Big Banyan Tree

Habíamos vuelto a nuestro punto de partida. Volvíamos a estar en el puente que, siguiendo todo recto, nos llevaría a la colina de la luna. Esta vez sí, tomamos el camino correcto y pocos metros más adelante nos encontramos con lo que debía ser algo famoso de la zona. Los autobuses paraban, "soltaban" chinos a montones mientras otros hacían el proceso contrario. Sin saber muy bien de qué se trataba realmente nos acercamos a la zona, candamos nuestras bicis y fuimos a la taquilla. Al parecer, habíamos llegado al "Big Banyan Tree".

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5 de julio de 2013

Primera ruta en bici por Yangshuo

Una vez en Yangshuo llegas a tu hostal y alquilas tu bici. Te preguntas entonces qué ruta hacer y a dónde ir. Aquí nuestra primera ruta en bici por Yangshuo.

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17 de noviembre de 2011

Una pausa en el Camino: Eunate

A menudo la historia, aunque sobre todo la gente, habla de lugares mágicos, espirituales. Lugares donde Dios para el creyente, y una carga de energía especial para el ateo, está presente. Lugares que te alejan de lo banal y cotidiano, y te sumergen, al menos por un instante, en otro mundo. Un mundo interior, donde sólo los sentimientos y sensaciones hablan. ¡Sigue leyendo!




8 de junio de 2011

Shhh! Berlin schläft... (o cómo disfrutar de Berlín de noche)

Son aproximadamente las cuatro de la mañana cuando el sol sale tímidamente de su escondite. La noche de cervecitas con los amigos ya ha acabado y decidimos irnos a casa porque mañana sí que hay que darlo todo.
Es en este momento cuando me pregunto en que maldito momento se me ocurrió traerme la bici (¡con lo cómodo que es coger el metro y olvidarse de pedalear!). Pero es un pensamiento tan fugaz que en dos pedaladas ya ha abandonado mi mente. El viento me golpea en la cara y los primeros rayos de sol me acarician la espalda.

Silencio...Berlín duerme. Las calles están vacías y su belleza, más que nunca, se respira en cada esquina. ¿Belleza? Dirán algunos. Sí, esa belleza que no todo el mundo puede ver en Berlín pero que aquel que la encuentra no quiere dejarla ir.















Y es en este momento cuando,  respirando profundamente, me alegro de haber decidido coger la bici. Porque ahora, sin coches ni taxis amenazantes, sin turistas a manos de una bici alquilada que no saben a dónde van, y sin ciclistas berlineses que se creen salidos del tour de Francia, la ciudad me pertenece. Recorro las calles con mi bici al puro estilo de Will Smith en Soy leyenda y me esfuerzo por no alargar los brazos (el golpe podría ser monumental) y gritar "¡Soy el rey del mundo!" como ya gritó en su día Leo di Caprio navegando en el Titanic.

5 de abril de 2011

Salvarse de una multa "haciéndose" la española...

¡Y yo que creía que eso era un mito y que estas cosas nunca funcionaban en la realidad!

Pues mira, hoy me ha funcionado. Y nunca lo hubiese dicho antes. Yo, que no estoy acostumbrada al bandalismo, a eso de saltarme las normas... Y que cuando lo hago, cuando me salto un poquito las reglas establecidas.. ¡pues se me nota en la cara! Y para colmo ¡no sé mentir!

Así que podéis imaginar mi cara cuando iba yo hoy con mi bici por la acera (ya que había un tráfico bastante intenso en la carretera, y pasaba de ponerme al nivel de los coches) y he visto unos diez policías, todos en un mismo punto) parando bicicletas. ¿Parando bicicletas? ¿En serio?  Pues sí.

Entonces, uno de esos diez policías (parado en mi camino) ha levantado su brazo hasta la altura de los hombros gesticulando que me bajase de la bici. El policía ha comenzado su charla:
- Señorita, ¿a caso no sabe usted que montar en bici por la acera está terminantemente prohibido? Sólo a los niños les está permitido. Además, venía usted un poco rápido ¿no cree usted?"

Aquí me han dado ganas de darle las gracias por el cumplido, ya que nunca me he considerado rápida con la bici...Aún así, yo he continuado callada y sonriendo (como si él me estuviese deseando que pasase un buen día...).
- Señorita, ¿cómo quiere usted pagar entonces?

¿Pagar? ¿Pagar? En ese momento mi sonrisa se ha congelado pero, como ya sonreía,  el señor policía parece no haberlo notado..

Ya un poco molesto, por la falta de respuesta (o quizás por mi sonrisa permanente), me ha preguntado directamente:

- ¿Me comprende usted señorita? -  ¡Uy! ¡Uy si le entiendo caballero...!

Y aquí ha llegado mi momento, mi escena principal. Poniendo cara de simpática pero de aquella que no se entera de nada:
- Un poquito.- He contestado

El señor policía, que entonces lo ha comprendido todo me ha preguntado:
- ¿De dónde es usted, señorita?
- De España.

El, con toda la paciencia posible (que, en mi opinión, no es algo que les caracterice especialmente), me ha vuelto a explicar más despacio todo eso que yo ya había entendido.

- ¿Comprende usted, señorita?
- Sí, creo.
- ¿Qué cree? ¿Qué le he dicho?
- Que no puedo conducir con la bici por aquí.
- Genau

Y con un gesto, cansado, me ha permitido continuar el paso diciendo "Sólo a los niños les está permitido..."

Mientras tanto, el control policial continuaba poniendo recetitas a aquellos que, como yo, circulaban por la acera...

17 de marzo de 2011

Mauerpark....en domingo

Hoy quiero hablaros de mi última experiencia dominguera.

Ya que la salida fiestera del viernes me dejó un poco K.O, decidí el sábado irme a dormir prontito, como las niñas buenas, para así aprovechar el (soleado) domingo. Había escuchado toda la semana sobre el buen día que tendríamos el domingo, pero la realidad superó las expectativas. Para ser Berlín, claro está. Rondábamos los 15 grados (igual alguno por debajo) y brillaba el sol. ¡En alguna ocasión hasta me quité el abrigo! (Sobretodo cuando subía alguna cuesta con la bici..., para qué os voy a engañar).

Bicicleteé un poco por Berlín disfrutando del clima y me fui para el Mauerpark*, donde los domingos hay un Flohmarkt muy famoso (vamos, lo que en español viene siendo un mercadillo). En seguida comprobé que no había sido la única que había tenido esa idea ya que estaba llenísimo. Llenísimo de modernos (sobretodo), que se paseaban de un lado para otro o se sentaban con glamour desenfadado en el césped. Pero la entrada "antes muerto que sencillo" ya la escribiré otro día.

Tampoco es del Flohmarkt de lo que quiero hablaros (aunque por supuesto también tendrá su respectiva entrada), sino del (gigante) karaoke que tiene lugar allí los días en los que el tiempo acompaña.
Tengo que decir que ya había escuchado, y leído, mucho sobre este karaoke, pero aún así me sorprendió. Y mucho. En primer lugar, porque no me lo esperaba y aunque el día era idóneo ¡todavía no es verano! y en segundo lugar ¡por su éxito!



Mi primera reacción (y yo creo que comprensible) fue pensar "¡Madre  mía! ¿ Y quién se atreve a salir ahí con tanta gente mirando?"
Y la respuesta fue: ¡Pues todo el mundo! La gente salía y salía... Unos cantaban bien y otros, que no contaban con una voz tan buena, hacían espectáculo (estos son, sin duda, los mejores). Alemanes, españoles, italianos, americanos...Todos tienen cabida en el Karaoke de Mauerpark. El público, ávido de diversión, recibe a todos con aplausos y ovaciones, aunque hay que decir que son los habituales con encanto los que reciben la mayor ovación del publico.

¿Y quién organiza todo esto? Es la segunda pregunta. 
Pues hay un chico, que se hace llamar Joe Hatchiban , que un buen día fue al Mauerpark con un ordenador lleno de canciones y dos altavoces y empezó lo que hoy ya se ha convertido en una leyenda. A mí, personalmente, me sorprendió su apariencia ya que era mucho más joven de lo que me esperaba. Durante el show, él se va paseando por las gradas con una hucha en la que tu le das una pequeña donación, aunque lo hace de forma simpática y sin miradas reprochatorias si no ayudas a su causa. Aunque la verdad es que, por  esas divertidas 4 ó 5 horas que puedes pasarte allí, se merece esa pequeña ayuda.


Entonces ¿quién se apunta al siguiente? Eso sí, para la próxima acompañados de unas pipas y unas cervecitas...

17 de diciembre de 2010

¡Peligro! Peraltesa en bici por Berlín

23 de Noviembre: 
Pese al frío (¡mucho!) me animo a coger la bici y empezar a conocer la ciudad. Todavía no tengo guantes, ni gorro, y en mis pies solo calzo unas converses de marca desconocida. Salgo de mi calle, Bergstraße, e intento llegar hasta Friederichstraße.
Pedaleo mucho,  hasta que pensándolo fríamente (que ironía) me doy cuenta de que algo no va bien. ¿Dónde estoy? y lo que es más importante ¿dónde está Friederichstraße?
Tras sentirme más de pueblo que una amapola, con la bici, helada, sin saber como funciona el tráfico al ir montada en una bici y después de susurrar más de 50 veces a los coches "perdón, perdón, perdón" decido volver al punto de partida. Esta solución me parece más sencilla que encontrar Friederichstraße. Y así lo hago. Vuelta para casa y empezamos de nuevo. 
Resulta que la calle no estaba tan lejos, no a más de 5 minutos con la bici (yo había andado más de 15 hasta que me di cuenta que algo no iba bien...) Si es que no puedo salir de Peralta...

Entro en Zara, el Spirit...¿ se han vuelto locos? ¡los precios están por las nubes! Entro en una tienda en la que hay de todo y me compro un gorro (no muy bonito, pero tapa las cabeza y las orejas y me hará un buen papel). En un alemán, que no entiendo, la señora me dice si quiero llevármelo puesto (mi cara de frío debía de ser para verla...).

Con la cabeza más caliente salgo de la tienda y veo un puestecito de navidad donde venden guantes.  Allí, "hablo" con el señor y me pruebo unos, de estos que son como manoplas pero que también son guantes. Pago los 10 euros, y me voy. 
Contenta. Como si el mundo fuese mío. Ahora que tengo la cabeza y las manos calientes el frío ya no puede conmigo. O por lo menos, eso creía.

Con mis guantes, mi gorro y mi bici me voy de turisteo. Llego hasta Unten den Linden y Gendarmenplatz. Mi sorpresa, grata, cuando veo que el mercado de navidad de Gendarmenplatz (el Gendarmenmarkt), uno de los más bonitos según los berlineses, ya está colocado. 

 Gendarmenmarkt en Gendarmenplatz.

15 de diciembre de 2010

Primer turisteo: Berlín

Los niños están despiertos. No deben de ser más de las 5. Como buena spanierin paso del tema y sigo durmiendo.
Un "poquito" más tarde, las 8:30, decido abrir los ojos ¡No está mal para ser domingo!
Nos tomamos un desayuno, rico en fibra (como diría el anuncio)y nos vamos cual familia alemana a dar una vuelta con las bicis. Y digo cual familia alemana porque los niños tambien vienen, y como son tan pequeños, y no se manejan con la bici, pues van montados en un carrito que el padre une a la bici...(muy alemán). Van bastante apretados pero no se quejan y es que, pensándolo bien, supongo que es mejor que pedalear.


No es realmente la bici de la familia.. pero para hacerse una idea sirve.

En menos de 3 minutos estamos en Oranienburguerstraße. Todo aquel que conozca un poquito Berlín sabrá que es una importante zona de fiesta (aunque tambien de putas, uy, ¡pendón!, de las cuales otro día escribire otra entrada).

El caso es que en 5 minutos habíamos llegado a Unten den Linden (la calle más famosa de Berlín), de donde deducimos que vivo en pleno centro de la ciudad.

Seguimos nuestro recorrido con las bicis por la acera interior de Unten den Linden hasta llegar a la puerta de Bradenburgo, donde a la derecha ya se ve el Reichstag. Todo este camino yo sufriendo...porque la bici es un poquito alta para lo que es mi estatura.

Pedaleamos por la orilla del Spree dejando a nuestra izquierda el Tiergarten, hasta cruzar el Spree por Paulstraße y continuar por la orilla del Spree pero ya en dirección contraria hasta llegar a Haupbahnhof, la estación principal. Allí el papá entró para comprar algo de comida y regresamos a casa.

Kai, el papá multiusos, cocinó lo que aquí se llama Apfelpfanne. En España lo denominaríamos como "tortilla dulce de manzana". La verdad que es algo curioso, sobretodo el comerlo como comida principal, ya que más bien parece un postre.



Tarde de bailes al son de canciones infantiles y cena basada en goffres (Waffels).

A las 7 los niños a la cama... y yo... pues también.